This is a digital copy of a book that was prcscrvod for gcncrations on library shclvcs bcforc it was carcfully scannod by Google as parí of a projcct
to make the world's books discoverablc onlinc.
It has survived long enough for the copyright to expire and the book to enter the public domain. A public domain book is one that was never subject
to copyright or whose legal copyright term has expired. Whether a book is in the public domain may vary country to country. Public domain books
are our gateways to the past, representing a wealth of history, culture and knowledge that's often difficult to discover.
Marks, notations and other maiginalia present in the original volume will appear in this file - a reminder of this book's long journcy from the
publisher to a library and finally to you.
Usage guidelines
Google is proud to partner with libraries to digitize public domain materials and make them widely accessible. Public domain books belong to the public and we are merely their custodians. Nevertheless, this work is expensive, so in order to keep providing this resource, we have taken steps to prcvcnt abuse by commercial parties, including placing lechnical restrictions on automated querying. We also ask that you:
+ Make non-commercial use of the files We designed Google Book Search for use by individuáis, and we request that you use these files for personal, non-commercial purposes.
+ Refrainfivm automated querying Do nol send automated queries of any sort to Google's system: If you are conducting research on machine translation, optical character recognition or other áreas where access to a laige amount of text is helpful, picase contact us. We encouragc the use of public domain materials for these purposes and may be able to help.
+ Maintain attributionTht GoogXt "watermark" you see on each file is essential for informingpcoplcabout this projcct and hclping them find additional materials through Google Book Search. Please do not remove it.
+ Keep it legal Whatever your use, remember that you are lesponsible for ensuring that what you are doing is legal. Do not assume that just because we believe a book is in the public domain for users in the United States, that the work is also in the public domain for users in other countries. Whether a book is still in copyright varies from country to country, and we can'l offer guidance on whether any specific use of any specific book is allowed. Please do not assume that a book's appearance in Google Book Search means it can be used in any manner anywhere in the world. Copyright infringement liabili^ can be quite severe.
About Google Book Search
Google's mission is to organizc the world's information and to make it univcrsally accessible and uscful. Google Book Search hclps rcadcrs discover the world's books while hclping authors and publishers rcach ncw audicnccs. You can search through the full icxi of this book on the web
at|http: //books. google .com/l
Acerca de este libro
Esta es una copia digital de un libro que, durante generaciones, se ha conservado en las estanterías de una biblioteca, hasta que Google ha decidido
cscancarlo como parte de un proyecto que pretende que sea posible descubrir en línea libros de todo el mundo.
Ha sobrevivido tantos años como para que los derechos de autor hayan expirado y el libro pase a ser de dominio público. El que un libro sea de
dominio público significa que nunca ha estado protegido por derechos de autor, o bien que el período legal de estos derechos ya ha expirado. Es
posible que una misma obra sea de dominio público en unos países y, sin embaigo, no lo sea en otros. Los libros de dominio público son nuestras
puertas hacia el pasado, suponen un patrimonio histórico, cultural y de conocimientos que, a menudo, resulta difícil de descubrir.
Todas las anotaciones, marcas y otras señales en los márgenes que estén presentes en el volumen original aparecerán también en este archivo como
tesümonio del laigo viaje que el libro ha recorrido desde el editor hasta la biblioteca y, finalmente, hasta usted.
Normas de uso
Google se enorgullece de poder colaborar con distintas bibliotecas para digitalizar los materiales de dominio público a fin de hacerlos accesibles a todo el mundo. Los libros de dominio público son patrimonio de todos, nosotros somos sus humildes guardianes. No obstante, se trata de un trabajo caro. Por este motivo, y para poder ofrecer este recurso, hemos tomado medidas para evitar que se produzca un abuso por parte de terceros con fines comerciales, y hemos incluido restricciones técnicas sobre las solicitudes automatizadas. Asimismo, le pedimos que:
+ Haga un uso exclusivamente no comercial de estos archivos Hemos diseñado la Búsqueda de libros de Google para el uso de particulares: como tal, le pedimos que utilice estos archivos con fines personales, y no comerciales.
+ No envíe solicitudes automatizadas Por favor, no envíe solicitudes automatizadas de ningún tipo al sistema de Google. Si está llevando a cabo una investigación sobre traducción automática, reconocimiento óptico de caracteres u otros campos para los que resulte útil disfrutar de acceso a una gran cantidad de texto, por favor, envíenos un mensaje. Fomentamos el uso de materiales de dominio público con estos propósitos y seguro que podremos ayudarle.
+ Conserve la atribución La filigrana de Google que verá en todos los archivos es fundamental para informar a los usuarios sobre este proyecto y ayudarles a encontrar materiales adicionales en la Búsqueda de libros de Google. Por favor, no la elimine.
+ Manténgase siempre dentro de la legalidad Sea cual sea el uso que haga de estos materiales, recuerde que es responsable de asegurarse de que todo lo que hace es legal. No dé por sentado que, por el hecho de que una obra se considere de dominio público para los usuarios de los Estados Unidos, lo será también para los usuarios de otros países. La l^islación sobre derechos de autor varía de un país a otro, y no podemos facilitar información sobre si está permitido un uso específico de algún libro. Por favor, no suponga que la aparición de un libro en nuestro programa significa que se puede utilizar de igual manera en todo el mundo. La responsabilidad ante la infracción de los derechos de autor puede ser muy grave.
Acerca de la Búsqueda de libros de Google
El objetivo de Google consiste en organizar información procedente de todo el mundo y hacerla accesible y útil de forma universal. El programa de Búsqueda de libros de Google ayuda a los lectores a descubrir los libros de todo el mundo a la vez que ayuda a autores y editores a llegar a nuevas audiencias. Podrá realizar búsquedas en el texto completo de este libro en la web, en la página|http : / /books . google . com|
^
.m.J •
I.
l 1/
ARTES
DE LA
INQUiSIZION ESPAÑOLA.
PRIMER TRADUCZION CASTELLANA ,
DE LA OBRA ESCRITA EN LATÍN.
POR EL ESPAÑOL
BAIMUNDO GONZÁLEZ DE MONTES.
I En tettem produco Re^naldum Goasal* Tium Montanutn , Hispanum , partem maximam libelH {quem ilentm in lucem producimus , non tamen sine psnore) autorem. Hie igitur prodeat , tí artes Inquisitorum secreíiores nobis exponat. Quas qui legerit , mirum , ni in lacry- mas protinua resolvatur 1 mirum , m protinus ohslupescai ! >
[J. Ursino , en el Prólogo.]
• - ^ -
• <• j
AÑO DE MDCCCLI.
Cil titulo de un libro , que con éntüta verdai -exprese , del todo, su asunto i contenido, cuan- do ambas cosas sean de interés jenerál , debe asegurarle una merezida estimazion de sus lec- tores ; si la odiosidad , o la prevenzion , contra el objeto o la persona del Escritor , no se pu- sieren de por medio. — I si esto es asi ; el titu- lo de este Libro , que , pareze , no puede ser ni mas proprio , ni mas verdadero ; le hará re- comendable seguramente , ante sus lectores : pues , conforme vayan pasándole , irán viendo, que cuanto abraza , haze verdaderas , las pro- mesas afntepuestas «n su Portada.
Mas lo que realmente constituye la impor- tanzia de e^e volumen , no se zifra sólo (para los que ahora vivimos) en el adecuado , i bien desempeñado titulo , i en lo raro ¿el libro ; ni >aun en el asunto de que trata , considerado en jenerál. Libros antiguos bai , cpn títulos bien expresivos i propios , cuya reimpresión , seria hoi tan insufrible , como inútil: — I, en cuan-
II 'to a ia Inquisizion , i sus prozederes , asunto ^Ae la obra ; no digamos, en aquellas partes del mundo , bendezidas por la Providenzia , con el goze inestimable de una amplia libertad de conzienzia ;'pero , hasta en nuestra España , hai ya , en ámanos de muchos , varios escritos exzelentes ,.qne demuestran, cuan ajena de humanidad , cuan pestilente i anticristiana co- sa, era la Inquisizion. — La importanzia pe- culiar jde este volumen ^consiste , en ser el pri- mero , que en el siglo xvi publicó los ocultos prozederes de la Inquisizion de España , i con tal verazidád , que nadie hasta ahora le des- mintió con fundamento : al paso , que los mas acreditados escritores de todas clases , i los mismos documentos del Santo Ofízio,porlos amigos de la Inquisizion publicados , corrobo- ran i afirman dicha verazidád.
Véanse dichos Escritores i Documentos. De ellos se hazen algunas 4ndicaziones , las menos que se puede , en el Apéndize que va al fin de este volumen.
Léanselas Relaziones de sus Autos de Fé, impresas i aprobadas por el Santo Ofizio ; los Prozesos que formaba : los Indizes Expurgato- rios , Reglas , Directorios , Manuales : en su-
III. ma , todo cuanto aquí , por brevedad , apelli- daré , «Memorias Orijinales Históricas , Mer- cantiles I Literarias del Santo Ofizio» ; — i se conozerá > de lleno , la exactitud , i la im- porfónzia de esta obrita de Montes.
Se tradujo a las prinzipales lenguas de Eu- ropa : se reimprimió en su orijinal latino ; i apesar de ésto , apenas de nombre , se conoze la obra en España , ni de ella bai publicada , tras- lazion ninguna en castellano. La presente , su- plirá , . en% parte , el vazio. — I para que no se condene su ejecuzion, con demasiada ¿everidad^. considérese lo que sigue.
La traduczion se hizo , teniendo á la vista el solo orijinal, sin su&traducziones: i la encargó el editor , a persona que aun jioi mismo ignora, que baya trasladádose a otras lenguas. Asi hai una seguridad de estar solo traduzidas las vo- zes e ideas del Autor , sia ir mezcladas con* las de sus interpretadores. La versión es , de quien estudió las lenguas latina i griega con- algún detenimiento : pero que no tiene ape- go , o parzialidad, a esta clase de^investigazio- nes relijiosas , i que, cual otros en España , no perteneze a escuela ni secta determinada de iglesia conozida. Quizá por esta circunstanzia ,
preBrió el editor , al propio , el ajeno trabajoi Se hizo ademas esta (raduciion , para reini- prímir junto con ella el teito : lo que se hubie* ra llevado a- efecto , a no haber considerado , que iba a duplicarse el costo i volumen del libro. mutitmente ;. pues boten dia apenas hai espa- ñoles, que lean los Autores Clásicos : i menos , aun entre jente eclesiéslica, hai quien se ocupe en leer el latín de libros como el de Montes , cuyo latino estilo se 1^ habia ftrsado a tener , como a Antonio Pérez, la neceñdad de la pere- grinación , retoñando en la vejez acaso , los prínzipios, que aprendió en su raozedad.* Mas QO temo asegurar . que quien ladeare este vo- lumen con el teito^ latino del Montes, le baila- rá tan bteral, que está como estarzida cada una de sus frases, í aun cada una de sus vozes, fue- ra de (Miquísimas. Por ejemplo , el superlativo- latino, con otro superlativo está aqui traduzido . aunque ocurran tres o mas superlativos , poco separados, i esto cause mal efecto en castellano, í recuerde la bien-becbacciticade Cervantes. — En la paj. 218 del texto, al pintar la sagazidád
ibioiue uUo ordií
1 40-41 i el p[
V
dé los Inquisidores de Se?iUa , se usan estas frases metafóricas : =slnqui8itares eo fiU capiU deprehenso alque apprehmso insequutoque in totum iUius EedesÜB fUdulum perveneruni , ce- peruni matrem cum pMis, ac nidum íp««m« sa» etc. que, en latín, corren bien admitidas, hasta en nuestros tiempos: pero que tienen que cho- car, i aun parezer ridiculas , en esta traduc zion, paj. 239 i 240, por no ser sufribles para la delicadeza castellana , apesár de qm el no traduzir ahí literalmente — nidulum illíus Ecle-~ sise — , es alterar, o falsificar el orijinal » que , . con semejantes vozes, describe claramente, la pequenez , i todavía tiernos prinzipioe , de lfr.> ^
rezien nazída reforma hispalense. — No sin cui- dado se pone que el orijinal vaxomo estarzido en la versión: pues , realmente , en ella se sa- crifican, a tal intento, asi los ornatos, lindura, artifizios de estilo , i las maneras con que los modernos escritos aspiran a recomendarse (tal ■ vez con tino i gusto dé poca fuerza) ; como la t pasión, i aun recursos de literarias eleganzías, . con que, acaso, hubiera podido presentarse ata«^ viado este volumen. Propio trasunto , i sacado > por mano española, del escrito de un espaftol , en que se expresan con las naturales e inafecta-
VI
das frases de un perseguido peregrino , la tíra*^ nía i desolazion del fanatismo , constantemente aplaudidas i triunfantes , donde no se halla es* tablezida i amada , la libertad relijiosa ; — este libro ,^ ni tiene , ni puede tener armonías retó- ricas , ni compasadas bellezas de elocuzion. Consiste su mérito, en ser trasunto del latino , exzeptuadas mui pocas vozes , i esas pocas , no sin motivo. Sirva de ej. este paso, de la paj. 140. «Tiene esta aczion sus ciertos aczesorios , o por «mejor dezir , tiene esta Pascua del pueblo de «Dios (o sea tránsito desde Ejipto a aquella tier- ttfa prometida , desde el mundo al Padre', su «Parasceve , esto es , su preparazion. Juan 13*", i.»-que es traduczion del siguiente , que se lee en la paj. 150 del or. lat.- «Habet haec actio «sua parerga quaedam , seu! ut aptius dixeri-
«mus , habet hoc populi Dei Pascha (pelah id «est transitus ab Aegipto ad terram illam pro- «missam , e mundo'ad Patrem ) suum Parasce- «ve , idest prseparationem.» - Donde , como se ve , la voz-peía^,-que es manifiesta errata de - pesah, - solo se indica en la traduczion , por la otra voz tramito , que equivale a la del testo - transitus. De modo^ que por esa repetizion , ella es una de las mui pocas vozes aqui supri-
midas. Las que ocunen con mucha frecuenzia en el texto , i que tienen una importanzia oías privativa i peculiar, se dejan intactas, i casi literales. Por ejemplo : con la de piedad , se traduze casi siempre la voz pietas^ que tanto juega por toda la obra : porque el vocablo reít- jion , su equivalente vulgar , seria traduczion mas ambigua . pues en Espafla , hemos hecho vozes como esta , de varia i aun sospechosa azep' zioD. Suele tenerse por Telijion , lo que no es piedad : 1 muchos , dentro de la Península , no llaman piedad, al conoztmiento , amor , 1 culto verdadero de Dios. De otras vozes , traduzidas con flojedad , se dá el texto latino en las Notas : i en ellas se menzionan las erratas del mismo. Va , pues , esta versión , mui literal, mui atada a las palabras del texto; i tiene que aparezer en partes , diñcnltosa , pesada , desapazible. Siem- pre son diferentes , el carácter i síntesis parti- culares de cada idioma : pero , el seguir cuida- dosamente , afectadamente , si se quiere, a un Autor, por donde él va, como si se pusieran los pies sobre sus misinas huellas , me pareze in- dispensable , en casos como el presente , i en países como el nuestro , donde aun se brinda por el reatablezimiento del Santo Ofizio , en los
comités do algunos clérigos. Creo bastan esa»~ indicaciones, para que el lector oo condene esta. vei-üiun, i en ella juzgue resultados de la pereza o descuido , lo que es determinado propósito de una bien intenzionada voluntad.
[ ahora , veamos lo que hai de notable en la ¡tuerte e historia de esta obra . desde su publi* cazion. Esta se hizo , por vez primera , en Heidelberga en el aiTo<de 1567 , según lo dite (aPorlada. Pero , sien el mismo aíio ,se hi- zieron dos ediziones de toda la obra , o solo de la Portada , es lo que no me atrevo a dezJdir. Que la Portada se imprimió dos vezes, se lo- probarán al lector , las dos que le presento cui* dadosamente reimpresas. El eiactisimo Joeef Hendham , mas que por sus largos aBos , res* petable por sus escritos , para todo el que ame- la verdad ; posee un ejemplar del Montes , con- la portada de 2.' Edizion , a mi parezer. La 1. portada , es la que tienen los dos ejemplares- vistos por mi : i de la otra , me dio aviso B. B. WirTen , cuya constante dilijenzia en el estudiO' de nuestros relijiosos Autores , le reúne siem- pre en mi memoria , a laque tengo de eltoe. En el conrronto de ambas portadas , se notarát- cn la lin. 15 diversidad en la vot-suppliciü: —
i que las que son lineas 16/ i 17/ en la una ^ son 17/ i 18/ en ia otra. La voz » HeidelbergíE, difiere también » en el diptongo , i en el espazio* que ocupa en ambas. En cuanto a las pajinas , que son 297, i al escudo que va al fin , i a las 28 lineas que tiene cada pajina , pareze que- se conforma en un todo el ej. que J. M. posee , con los dos por mi vistos : i éstos , entre si , después de haberlos examinado con detenimien- to , los he hallado enteramente parejos , fuera de que en la paj. 54 lineas 5 i 6 se lee en el unoxagentisqui accusarat»-i en el otro-«agen- ti is qni accHsarat.» Pero esta sola discrepanzia, no es sufiziente para asegurar , que se hiziesen dos ediziones en dicho año. Lo que sí me consta es , que 44 afios después , se hizo otra edizion, con este titulo :-Hispanic8e Inquisitionis et car- nificinae Secretiora. Ubi prseter illius originem; processus tyrannicus , in Fidelium Religioni» ^
reformatae confessorum , comprehensione : Bo- norum secHestratione : Audientiis varii generis: Testium publicatíone , et confutatione : Artibus inquirendi alus , etiam secretioribus : Captivo- rum victu, et reliquis vitae subsidiis : Carcerum yisitatione : sententiarum denique publicatione et interpretatione , describitur : Exemplis itlus-
triuríbus tutn Hartyniin , (iim Arliculoram el'! Itegularum laquisitoiiarum , in Fine adjectis. Per JoACHiHtiH Ursimiv , Anli-Jesuitam , de lesuitis , i|ui [nquisitionem Hispanicam in Ger- nianiam et Itohemiam vicinam introducere mo- liuntHr.preerantein.-Ainbergn,— ApudJohan- nem Sebón fe Id i uin. — M.DCXI. =>Esta edi- zion , apesar de esa var/ada Portada , contiene iiUegra , i mejor reimpresa , la obra de nuestro González de Montes. Oigo , mejor reimpresa , porque Ursino .dividió en párrafos el texto (di* visión que he adoptado ) , enmendó algunas erratas , i nada suprimió , ni alteró , de la Gd. orijinál. La adizionó , a mas , con varias noli- zias al priiizípio , i Gn del volumen , que no sin razón . tuvo por buen engaste , para la prenda de nuestro paisano : i por eso dize que * con usuras . la devolvia al publico: Pondré , talvét , al Gn , Nota , azerca de Ursino . i su volumen : pero aquí baste repetir , que su Libro , contiene integro el de Montes : — i que hoi, es tan rara , sino mas . la reimpresión hecha en Amberga el aOode 1611 como la EdizioD orijiual de Hei- delberga de a. 1567.
Draioo, pueilD ea la portada.
XI
^o es , cierto , la suerte que ba cabido a las 'producziones literarias de los españoles , el punto menos interesante en nuestra patria Li- teratura , ni el menos enlazado , con los desa- fueros , i atropellos , que de nezesidad , perpe- tró la Inquisizion en España. Al meditar sobre eso , limitémonos , únicamente , a la obríta de Montes. Uno , al cual conozemos bajo tal nom- bre , aunque, es dable , fuese el Lie. Zafra o cualquier otro; — huye de las cárzeles de la In- quisizion de Sevilla : estropeado el cuerpo por
-los tormentos : dilazerada el alma con la inten- sidad de amargos dolores : cuenta, para adver * tir a sus amigos , como leczion de su bautismo, cual fué la causa , de aquellos susdias de pena: i esto , lo refiere , de modo , que toda clase de evidenzia interna i externa , favorablemente le abonan : i le abonan como testigo verazisimo , e irrecusable por .parte de la Inquisizion. I, en V
-semejante estado , ¿qué había de hazer , a no
renunziar a su propia exislenzia « el llamado Santo Ofiziof Tenia que prohibir rigurosamen- te, el libro del acusador , al mismo tiempo, que del revelador de sus misterios: i lo prohibió : i
con toda cautela , rejistraba sus connotados en los Indizes : desacreditaba al Autor i a la obra
\
I
todo lo posible : i quemaba ctiaoloe 'qemplaret adqairia. — No exittír , o proieder ni , en todo cafio, fué siempre la disynDtWa a qae ae lió m- jeu la InquiBiiion. I siempre loa resnludoa , contrarios del todo , a los buenos propósitos i fines, por ella proclamados. Los Indiiei Expur- gatoriút , han venido o ser la recomeadanon mas eficaz i jeneral , de las produciiones del pensamiento. — I las cárzeles, juiíios, i bogoeras del que se llamaba Tribunal de Fé , son ahora la fé del verdadero bautismo , i la prenda de imperezedera salud, de Ins, por él, acrisolados. I , luego : i qué se logró con las Inquisitorias artes T Ahí está bosquejada la suerte e historia de este Libro, por claro comprobante. No aca- bó a los rigores de la persecuzion, ayudada por el trascurso de los siglos : i hoi reaparete . í vulgarizado, como antes no, en nuestra lengua castellana, i con cierta afizion i cariño impreso. — Lecziun bastante , que nos instruye en sos dos extremos. La exislenzia de ia InqniBÍiioii. penderá siempre de las artes, que Montes dm revela. La exístenzia de la Inquisiuon , jamás dará los buenos resultados , que , ciegos , los Inquisidores proclaman. Súfraseme , que para prueba de los efectos
'de la Inquisiiion , recuerde aquí , con poquisi-
'masfrasM , la situazioQ de Espafla , i manera
-de eiUtir de loe Españoles. El estado actual de España , es menos inmoral , menos irrelijioso , que el de los pasados siglos : pero, todavía , es el resultado, del sistema de educanion nazíonal,
-establezido por la Inquisizion. Aun hai jente dentro de Espafia , que considera a Satanás,
■como a Plutón , soberano de las rejiones infer- nales : que mira a laVirjen Haría , revestida
'con todalabellezai atribu tos de Venus, i la ado- ra como a Reina del Cielo , i madre del mismo
Dios : — i la supone ud ilimitado poder en el Cielo! Aun bai espafloles , qne se dizen Cristia- nos , i creen , no en un solo Mediador entre Dios i el bombre , Jesu-Crísto , sino en miles
-de ánjeles, i de arcánjeles , i en millones de es- pirituB de deificados hombres i mujeres, a qoie* oes dirije» oraiiones , i erijen altares : i de cu- yos milagros está imbuido el vulgo del pueblo. El despotismo espiritual , se establezió por la Inquisizion de tal manera en España , qu^aun tiraniza , con una crueldad que desconoze el remordimiento, sobre nuestros cuerpos i nues~ tras almas. Prohibido e«tá el uso libre de las Escrituras : i a la expresión de opiniones reli-
jiosas, que no tienen la sanzióD de Roma, se la mai'ca con el nombre de herejía , i al hereje , se le encausa,! con de na. —Siguen perdonándose los pecados espafloles, con la venta de Bulas e Induljenzias; í España, aturdida , o aletargada aun coa los narcóticos inquisitoriales , sigue llenando la áurea copa de la iniquidad pontifi- zia. I, como si los espafloles, por liaber sufri- do la liiquisizion , i la esclavitud del africano , i aun del indio, debiéramos tener perpetuamen" te esclavizada el alma, i extinguido en nuestros pechos todo sentimiento moral , todo pensa- miento cristiano; nuestra educazion inquisito- rial DOS represenu, como peligrosa , la lectura del sagrado volumen : i la mayor parle de los espanoles temen , tocar siquiera , el desnudo texto de la Biblu , i todavía mas , examinarla por si mismos con cristiana libertad, i , solo uno que otro, se atreve a mirarla revestida , i en- mantada ya, coD el ropaje de comentos , i ano- laziones, i traslaziones, a la malizia, que los In- dizt^ (le la Inquisizion señalan. — 1 de aqoi di- mana, que la relijion, en vez de inculcamos a los esjiarkDles , grandes prinzipios , i dejarnos libre el entendimiento , para desenvolverlos i aplicarlos ; nos ñja determinadas fórmulas de
XV
fé » i de prácticas. I habiendo enseñádonos Cristo , que toda la lei i los profetas , penden de los dos grandes mandamientos , de amar a Dios, i de amar al hombre ; — nosotros, creemos aun, con nuestra Inquisizion española , que el prohibir a nuestro prójimo el libre ejerzizio de sus relijiosas creencias, o perseguirle i aun que- marle , si rehusa obedezer a los opresores de coneienzias ; es obra , i deber de cristianos. — I , cuando no ignoramos , que Cristo no enseñó metafísicas, ni constituyó sistemas, ni inculcó creencias inintelijibles , ni recomendó , como cosa meritoria, a sus discípulos, el postrar su razón; los españoles, quietos en el brete In- quisitorio, deben todos ellos dezir, que piensan de un modo mismo, sobre un mismo credo es- crito , i que juran i tienen una misma fé reli-
jiosa, como provechosa , indispensable, i única verdadera. I esto no basta. Es preziso , que los
españoles, los buenos españoles , para merezer ese dictado, o el de españoles ranzios , i netos; crean , que la inlerpretazion de la Escritura , es privativa de los clérigos , i de los clérigos inquisitorios ; i que éstos, son los únicos men- sajeros acreditados, los únicos expositores ver- daderos de los oráculos del Altísimo. La som-
\
bra solo de la Inquisiiion basta toOavia , pan exijir de los españoles una confesión de infali- bilidad de loE Papas , no creida nunca por na- die: i para que Espada aumente fuerza , i au- toridad de Prinzipes terrenales, a Papas , que la saben recompensar, con el azote de un Con- cordato , planeado en la fábula que i'efiere los conciertos del Lobo i de la Oveja. * En Espafia debe ser todavía el majistrado civil , el laca- yuelo de los clérigos , i ha de ir unas vezes alumbrando la prozesion, i otras ba de llevar a la carzel , al que los clérigos le seflalen : — i el español, ba de tener toda su vida , por articulo de fé, que el brazo del hombre, es la ayuda ne- zesaria de la omnípotenzia de Dios; í que la es- pada de bien templado azaro , es la constante i mas eGcaz aliada de la Espada del Espirito. I todo esto , lo ha de mezclar el español . en la práctica de su vida, con un completo olvido de otra existenzia, i de otro destino futuro : i los españoles, para ser puros católicos, hemos de correr . vestidos con chambergo , zamarra i es- capulario . de la cama a la misa , de la misa a los toros, i a la cofradía, i a los teatros , i al
XVII
estanco a comprar el cigarro i la Bula: i Ihv mos de comer de TÍernes , i pagar dotes de monjas, i edocamos besando en la calle las ma- nos tabacosas del clérigo : si no queremos ser considerados como protestantes !!!
Ahora bien , si paraque exista la inquisiiion, tiene que existir del modo que nos refiere Mon- tes , plenamente justificado , en esto , por Ma* canáz , Puigblanch, Llórente , i otros muchos: — i , si de la existenzia de la Inquisixion , se orijinan , para un pais , los resultados que ahi se trazan , i que conduzen a una irrelijion na- zional ; i falla asi todo cálculo de buena inten- zion , lo mismo que todo cálculo de interesadas miras , que puedan tener , o tengan, los Inqui- sidores , i fautores de la Inquisizion; — ¿no será cosa justa i saludable , i enteramente cristiana , el huir ya , para siempre , de las trájicas e inú- tiles Artes Inquisitorias , como de la mas pes- r "^v tifera i vergonzosa dolenzia de la mente huma- na? ¿Cual fué siempre el fruto de toda persecu- zion? ¿No le señalan bien claro , los hechos bien lagrimosos , de los que , en cualquiera deno- minazion extraviados , se pusieron a servir con violenzias materiales » al delirante dogmatismo de las sectas ? Las vidas de Torquemada » de
XVIIl
Malvenda, de Bartolomé CAaaANí*, de Calh- Kti , de oíros muchos iareliieB , persegoidorM i perseguidoB ¡ nos muestran de ana manera ia- tiudable , que uno de los príowros deberes de todo hombre, es el de no cohibir , o reapeUr la lAerlad relijioia de otro : i que uno de los debe- res prinzipales de todo cristiano , es no tras- pasar , la mas minima tHde . de aquellos bendi- tos prezeptos del Efanjelio, que nos recuerdan, Mateo XIII , 37—30 , i Lucas ii. 49—55 . Juan XIII , 34 — 55 , i que son para los hombres, ina- gotable tesoro de Libertad , i fuente perenne de Paz. Siguiendo esos dulzes preceptos , no volverá a produíirla Literatura de Espafia , Li- bros tan lúgubres como el de Montes ; porque DO volverá a reaparezer en ella , la mas iufa- maate i devorarlora lepra que manchó su suelo: el estabiezimiento anticristiano de la Inquisí- zion. 1 asi se cumplirá en santidad , la verdad santa , que la irreverenzia consignó en los es- tandartes , inquisitorios,^ Exurge Deui , íw dica causam tttam= : ya que El solo ,'puede ser el único juez de los espíritus.
8. G.-m. 1851.
\
i
SANCTvE
INQVISITIO-
NIS HISPANICE ARTES ALI- quot delectas , ac palam traductae.
EXEMPLA ALIQVOT , PRAE-
ter ea qua suo qu£qu3 loco in ipso opere apar
sa sunt , seorsum reposita , in quibas easdem
Inquisitorias artes veluti in labulis
quibusilam in ipso porro exer-
cilio intueri licet.
ADDIDIMVS APPENDICIS VICE piorufü qttorumdam martyrum Chrisli elogia, qui cammorlissupplictumoblideicotifessionemChrisíi- ana consUtntia tulerint , Inquisitoi'es eos tuis ar- tibus per/idice ac defectümü infamorint.
Ex urge Deus iudica causam tuam Psat. 74.
REGINALOO GONSALVIO Montano aulhore.
HEIDELBERGAE M.D.LXVIl,
PorltulB del ej. que poie» I. Hvadham-
SANCTAE
INQVISITIO-
NISHISPANICAE ARTES ALI-
qaot detectas y ac palam traductae.
EXEMPLA ALIQVOT, PRAE-
ter ea quae suo qu£q3 loco in ipso opere spar
sa sunt , seorsum reposita , in quibus easdem
Inquisitorias artes veluti in tabulis
quibusdam in ipso porro exer-
citio intueri licet.
ADDIDIMVS APPENDICIS VICE
piorum quornmdam martyrum Christi elogia, qui
€um moriis supliciu ob fidei confessionem Ch ristia-
na conftantia tulerintjnquisitores eos suis ar-
iibtis perfidicB ac defectionis infamarint.
REGINALDO GONSALYIO ^
Montano authore.
• •
Exurge Deus, indica causam tuamPsal. 74.
HEIDELBERGiE M.D.LXVII.
ALGUNAS ARTES
DE LA
SANTA INQÜISIZION
ESPAÑOLA
DESGCBIBRTAS * 1 AL PUBLICO MANIFIESTAS.
CON VARIOS EJEMPLOS . PUESTOS POR separado , además de aquellos » que van dise- minados , en convenientes lugares , por toda la obra. En los cuales ejemplos , pueden verse puestas en práctica las artes inquisitorias, como en cuadros pintadas.
I POR VIA DE APÉNDIZE, SE AÑADEN
elójios de algunos piadosos mártires de Cristo , que por sufrir la muerte en un suplízio , con cristiana constanzia , por la confesión de su fé ; se vieron infamados , i de perfidia , i defeczion, ^^^
por los Inquisidores , con sus malas ^^^
arterías , acusados.
POR REYNALDO GONZÁLEZ DE MONTES.
«Levántate, Dios , juzga tu causa. S. 74.»
HEIDELBERGA M. D. LXVII.
i
tapitíüos de las cosas contenidas en la parle primera de este librito : dispuestos por el orden €on que los mismos Inquisidores proceden en sus juiztos.
Jmpr i
43
17
39
54 63
82
86
103
123
129
162
1 Razón particular , o modo peculiar , que
suele guardarse por los ínquisidoi^es , al hazér comparezér los delatados an- te su tribunal , i el que tienen para prenderlos.
2 Secuesirazión de bienes » dicha comíin-
mente secuestre.
3 De las varias Audienzias.
4 De la Publicazión , que llaman , de tes-
tigos. ^ Délas confutaziones de los testigos.
6 De las sentenzias de tormentos , i de su
^cuzion.
7 De oíros modos de inquirir.
8 De otras artes mas secretas.
9 De la manera de tratar a los cautivos
en <:t(anto al raimen de vida.
10 Délas visitas de cárzeles.
11 Da los autos de fé ,o publicazión de las sentenzias.
12 De la interpretazion de las sentenzias.
Lo demás , azerca del oríjen de la Inquisi- ción i otras cosas dignas de saberse , entenderá el lector por el prefazio.
;.
PUEFAZION.
Ejn la gran coofusion de cosas por las que tan- 1 tos pueblos i nazioaes, contra sus propios vezL nos i Gonc ludada DOS , esto es , contra las entra- ñas mismas de su patria , por causa de la Inqni- sizioQ (si es licito dezir la verdad) toman las ar- mas , defendiéndola unos como cosa sacrosanta i sobre lodo provechosa a la república , i esFor- zándose otros por el contrario , no tanto en es- tirparla , cuanto en rechazarla de sí , como una servidumbre indigna de hombres libres ¡ ¿ podrá alguien dudar con fundamento . cuales son , en- trellos, los que como locos, se enTurezcan? Pues DO es posible que teniendo unos i otros prestas ya las armas, estén también por unos i por otros la justiiia i el derecho , cuando es tanta la diversidad de parezeres como la de vo !uatade8 : i si los unos tomaron con razón las armas , no pueden los otros con razón tenerlas. Tampoco pare¿e verosímil que las supremas potestades del orbe , (dejando a un lado el nu-
meroBO roigo de las clases mu humildet qae juzgaron deber tomar a Bñ argo el defendeiia de todos modos , i que todos los aflos con so- ma derozion i no menor pompa a ras decretos bajo juramento se obligan , se apartrat de lo 2 verdadero i de lo justo : * sobre todo . cuando ni ellos Tueron sus primeros inventores , ni la defienden como cosa , poco ba de ia tierra en- jendrada , sino que rezibida de ans mayores , por la fama de santidad i por m misma anti- güedad digna de venerazion, con sobrehumano poder , a manera de un numen celestial entre loe mortales , prevalezió hasta el presente. A estos ilustres titulos acompafian ademas no despreziables veDUyaB , a saber , el atajar con mañosa industria , el contajio de las herejías Judaicas i Uahometanas i otros muchos erro- res , que diariamente apareieo bajo úertos o indertos guiaa i nombres , puesto que , deje- mos a un lado , el aumento , aunque conside- rable , del fisco real i el de algunas furlunas privailas , como cosa de menor importancia.
Pero como según el testimonio de la misma Verdad i según la naturaleza misma de las co- sas nadie puede juzgar con mas certeza ni mas fazilidad , azerca de la bondad o malizia
^ un árbol , que por sus frutos ; en esle , no menos útil , por cierto , que peligroso juizio , aparte de cualquiera envidia , debemos seguir la misma regla , puesto que llegamos ya a tal ^tremo que vienen los hombres ,. a poner en duda , * las cosas que hasta aquí por un error 3 grandísimo , no digamos estupidez , como san- tísimas veneraron. Ahora bien si la Inquisizioii es árbol bueno , o si se quiere > santo , tolerará (me pareze) de buen grado que sus frutos sal- gan a la luz, paraque según la bondad i aun santidad de ellos , apesar de todo fraude o en- vidia , su propia bondad o bien santidad se aprezien. Pues la luz ama la luz , i el que prac- tica la verdad , aun resistiéndolo las mismas tinieblas , sale de grado a la luz , paraque se manifiesten sus obras hechas según Dios. Pero el que obra el mal , aborrezc la luz : i si le ayuda la fuerza , imponiendo un tiránico silen- cio a las lenguas de los hombres , encubre sus propios hechos , no sea que la luz los redargu- ya. Contemple pues el orbe Cristiano entero , estos frutos de la Santa Inquisizion , que de su varia fecundidad conzede , sin duda la divina Providenzia , recojer , i por olios mismos sin gran dificultad determine por sí ,o bien la con-
I
servaxÍDii de eslc sanio árliol , o bien al Gii su RsUrpazion.
Mas solo en un punto estriba prinzipalmen- te toda esta deliberazion , i es , en saber si son verdaderas las cosas que azerca de la Sania In- 4 quisiziun aquí vamos a referir; * i ademas de donde las hayamos tomado. Pues nadie dudará ya , que sea razón cortai' de raíz el árbol . si de algún modo consta de buena fé que dá tan peir- tilenles frutos. Pero hai grandísimo peligro en fiarse en cuanta a esto de los berejes, es dezir, de los que aborrezen la misma Inquisizion co- mo un gravísimo i severísimo azote , i son por lo tanto justamente sospechosos. Asi que esti- mamos también conveniente indicar an méto- do breve i certísimo al mismo tiempo, por el cual sin gran esfuerzo pueda alcanzarse la ver- dad en este asunto. El método consiste en que el reí mismo a quien sobre todo interesa ad- ministrar justizia en su jurisdiczíon se persua- da lo primero de que por sí puede i debe oblí- ^r a ciertas reglas, al tribunal inquisitorio; i de que no pueden estorbarle cumplir este de- ber , leyes algunas de la misma ínstituzion, ni tampoco privilejios , bulas , índnljenzias ni juramentos. Propóngase después, eslableiida
5 una veriladera e incorrupta inquisizion cuntí a la misma Inquisizion , dejarse informar azerca de estas cosas por graves e incorruptos varones, quienes , valiéndose de cuantos crean pueden tener de ellas alguna notizia * (según acostum- 5 bra hazerse con aprobazion jenerál de todos en las que llaman residenzias de otros juizios) , las indaguen por su medio. Para tales indagazio- nes debieran antes que todos ser llamados los mismos presos de las cárzeles inquisitorias , los que lo son ahora i los que en otro tiempo lo fueron ; pero quitadas de sus bocas aquellas mordazas mas que de hierro,con las cuales ase- guró la Inquisizion su tiranía. Estas mordazas son el eterno silenzio , que bajo gravísimo ju- ramento se les intima , paraque absolutamente nada revelen de cuanto azerca de la Inquisizion i de toda su manera de proceder , mientras es- tuvieron en la cárzel , supieron , o vieron , o esperimentaron por sí mismos : antes bien en esa parte hagan cuenta estuvieron muertos to- do el tiempo que allí habitaron : i para asegu- rar mas la fé del juramento se añaden horri- bles conminaziones. Con esa arte prinzipalmen- te , todas las demás artes inquisitorias estuvie- ron , hasta ahora , encubiertas ; i bajo el zelo
I
lie la piedad fueles lízito robar sin miedo , ann (|ue no tan de oculto , que lodo el orbe no se haya tiempo haze apercibido , si bieo confusa- inenle . i como de lejos , de su tiránica cruel- dad. Pero enfrenan todos su lengua , por no verse forzados a esperimentar aquella en cabe- " za propia * mas distinta i especialmente. Esta mordaza debe quitarse enteramente a los que hayan de ser preguntados , dejándoles primero hbertad para hablar sin miedo , si alguien quiere sacar a la luz , aquellos misterios , con tanto daño de la república secretos , con tanto estudio , hasta ahora , a todos encubiertos. 1 así, si acaso a nosotros , como , sosj)echosos , se nos diere poca o ninguna fé en la presente narrazíon , cuando provocamos a una lejitima i forma) averiguazíon de las cosas , privándo- nos a nosotros mismos de todo crédito , no es ciertamente porque alguno mida cosa tan gran- de o por nuestra autoridad n por nuestra i>e- queflez sino por ella mismo.
Pero de donde , estas cosas nos consten , tampoco perteneze al asunto; por lo cual, aun- que también en cuanto a esto estemos sincera- mente satisrechos , no obstante , ni queremos aprovecbarnos de ello , ni pospuesto el conozi-
7 mteato de la misma caosa » nos lo pueda echar en cara nadie con raion.
Por lo demás , que en aquellas notables ven- tajas , por nosotros arriba menzionadas , i que ordinariamente suelen decantar los protectores de la Inquisizion , no tienen ellos mismos de- fensa alguna , i si , mui grande , la parle con- traria t fazilroente lo conozerá * quien , (dejan- 7 do a un lado el real fisco i las riquezas de otros* por cualquier titulo adquiridas , porque no pa- rezca que solamente se las envidiamos observe con nosotros que de cuantos millares de hombres de Judies , de Mahometanos , de Cristianos en fin, o verdaderos, o herejes, i que se apartan de
la fé Romana , cayeron en las manos de los In- quisidores ; podrán ciertamente mostrarse mu- chos miles de Sambenitos , de los cuales, a unos 0^ acabaron por el fuego , a otros , ademas de la nota de indeleble ignominia impresa en ellos , «n su linaje i en toda su posteridad , despoja- ron de todos sus bienes ; i para dezirlo de una vez , podrán ciertamente mostrarse tantos des« pojos de hombres infelizes cuantos por cual- quier mínima causa incurrieron en la censura de los mismos : pero ni uno solo , en verdad , a quien , mas s:.ludablemeute , hayan enseña-
8
do en su error , o reduzido a mejor camino;
Ahora , para manifestar con que derecho la Inquisizion se atribuya cuanto azerca de su ori- jen . i azerca de la antigüedad i esplendor de su nombre deslumhra a la jente ( pues ¿ quién , ante estos sacrosantos nombres , «.Sania Inqui- sizion ; Padres de la fé ; inquisidores de la heré- tica pravedad i aposlasia ; » no se postrará re- 8 verente? ) * diremos de antemano alguna cosa.
Habiendo acabado los reyes católicos Fer- nando e Isabel de feliz memoria aquella guerra, en que fueron , al fin , echados del reino i ciu- dad de Granada i de toda Espafia , los Mahome- tanos que , desde el rei Rodrigo , último de los Godos, por espazio de setezientos setenta i ocho años cumplidos, la hablan ocupado; i en la que ganaron para su patria el sosiego i la libertad , i para si, gloria inmortal; volvieron sus ánimos del tumulto de tan larga guerra a la depurazion i fomento de la relijion. Dieron ocasión a esto, así ya los pueblos de los Moros venzidos , a quienes los reyes católicos dejaron en sus po- sesiones , bajo condizion de abrazar la fé Cris- tiana ; ya también la multitud de aquellos Ju- díos, no inferior a la de Moros, a quienes, man- dados salir de España , i que hablan pasado el
9 estrecho de Hércules,se les permitía bajo la mis- ma condizion que a los moros, permanezer en ella. Habian yivido en España los Judíos, según refieren sus antiquísimos anales, desde la des- truczion de Jerusalém por Tito , emperador de los romanos, el cual los mandó trasportar allá bajo dura, ala verdad, i * casi servil condizion, ^ si bien, por esto , no enteramente desdichada ; pues que nadie^ hasta entonzes, les había nunca obligado a mudar de relijion. Deseaban , pues , los Beyes proveer a la mejor enseñanza de es- tos, solo en el nombre, cristianos nuevos, i vi- siblemente, a la fuerza, mas bien que de volun- tad , iniziados encías Cristianas solemnidades : pensamiento piadoso sin duda , i muí digno de reyes Cristianos, si sus haraganes * directores, o mejor dicho , trastornadores , no hubiesen malignamente echado a perder tan buenos pro- pósitos. Pues en calidad de directores perpe- tuos de todas sus acziones i designios asistían a los reyes (cual linaje de hombres sin vergüenza, que con presunzion de saber i santidad acos- tumbra penetrar hasta los mismos aposentos mas secretos de los prínzipes] algunos del orden
* baraganes.'^El orginal— mafe/éríiKoí.
10
monacal, en particular deUbando Dominicano , a-qui^nes los buenos de los Reyes en todo con- sultaban , prinzipalmentc en las cosas de reli- jion ¡ de sus conzienzias. Con estos directores délos piadosos designios de los Reyes ; en lugar demaestros de pía doctrina, pastores i doctores 10 que con la debida caridad y dilijencia* aparta- sen a aquellos forzados Cristianos de sus inve- terados errores , reduziéndolos a abrazar de corazón la verdad Cristiana ; se erijió un nue- vo tribunal de Inquisidores , por el que los hombres , aun sin eso harto desdichados , en vez de aquella mejor enseñanza , que hubiera podido compensarles , lo bastante , la calami- dad presente , fuesen perseguidos , saqueados , desterrados i arrastrados , ya a los horrendos suplicios de la muerte , ya a los azotes i per- petua ignominia , ya también , arrebatándoles todos sus bienes , a la indijencia. Ni era siem- pre menester para esperimcntar estas cosas ha- ber maldezido de Cristo hasta mas no poder : bastaba el renovar alguna insignificante cere- monia del Mahometismo o Judaismo : o , por lo menos , cualquier levísimo error en la fé , de la cual ni los primeros rudimentos hubie- sen aprendido. No faltó . para afirmar el nue-
il
To invento , con su ayuda Sixto cuarto , a la sazón Romano Pontifize : i asi , finalmente , con la real al mismo tiempo que con la ponti- fizia autoridad , se fortalezió de manera , que a no combatirle su propia grandeza , por la cual llegó ya , a ser al mundo intolerable , hu- biese podido parezer eterno. ¿Era así , por cier- to /como debia proveerse al muevo aumento de la grei Cristiana, de piadosos pastores , que apazentasen el rebaño ; que ni * devorasen la il leche hasta ordeñar sangre ; ni se cubriesen con la lana , i aun con las mismas pieles cruel- mente arrancadas? ¿Que no matasen lo que apareziese pingüe , antes bien afirmasen al dé- bil , curasen al enfermo , recojiesen benigna- mente al abatido, redujesen al ahuyentado, bus- casen con piedad pastoral al errante : i no man- dasen con aspereza i violenzia a los que , por ser peculio de Cristo , con suma humildad de ánimo debieran antes servir? Buscaban, es ver- dad, i buscan todavia, las ovejas errantes, ahu- yentadas, dispersas, i esto con suma dilijencia; mas para el mercado , no para salvación de ellas. Pero prosigamos.
Como los padres Dominicos fueron los auto- res de aquel consejo , asi también, con la auto-
12
ridad que tenianparacon los Reyes, sealurou razilmente con aquella tiranía , bajo prcteslo , sobre todo, de la doctrina de la fé , cuyos de- fensores , ya de mui antiguo ellos mismos se llamaban. Pero estos.por la avarizia, soberbia i ambizion (achaques que prinzipalmenle los tie- nen para con el mismo Tulgo tiempo baie de- sacreditados) por la crueldad también i dureza con que mandaban en su alto puesto , por no dezir suma majistratura , haziéndose intolera- 12 bles aun a los mismos reyes,' que poco antes a tal alteza los babian levantado , fueron de su lugar , aunque bajo honestos pretestos, separa- dos , i transferido a los clérigos aquel oficio. De esta dignidad , primero i)oseida i después per- dida son hoi vestijios enire los Dominicos sus mas antiguos templos, adornados, como si fueran trofeos, de los Sambenitos de aquellos , a quienes, mientras tuvieron dicha majistratu- ra, malamente condenaron. «Pero:
''manet alta meóle reposlum
ludicium Paridis , sprela; que iniuria forms ,
Et gcnusinvisum, ct rapli Ganymedis honores».
(Virg. Aeneid. 1.30 Isig.)
Has aun conservan ahincadamente el antiguo
; de Inquisidores , pensando sin duda
13 recobrar algún düi su dereclio . A estos solo i no a otros , ambiziosos i perversos consejeros, que malignamente convirtieron en sn provecho i hoiirra propia los pensamientos de los Reyes, piadosos i a la iglesia de Dios s'iludables, de- bemos boi la Inquisizion : de otra manera ¿a qué venia en vez de oÜziosos i fieles precepto- res de la fé Cristiana, i de prudentes celadores, erijir un tribunal nuevo i hasta enlonzes a to- dos dcsconozi do, que para enseñar la relijion e infundirla en los ánimos pertinazes , estuviese armado . no de la piadosa erudición , doctr iua * I S i caridad , que , en particular en el c. 21 de S. Juan , requiere únicamente Cristo en el pastor , sino de poder , crueldad , majestad . imperio , cadenas , tormentos , cuerdas, mor- dazas , Sambenitos , corozas ? No rodeado áf. coadjutores en la obra de Dios , santos i doc- tos en los misterios de la relijion Cristiana , sino de procurador , fiscal , escribanos , algua- ziles , alcaides de las cárzules i del nutucruso i casi infinito séquito de los que llaman familia- res? ¿Quién no dirá , están todas estas cosas establezidas para imponer al pueblo el yugo de una nueva servidumbre , de donde resulten también al íisco nuevas riquezas , antes que
14
para aumento de la relijion? Como si escojien- do a uno muí práctico en el arte de la caza , armado de arco i saetas , provisto de lazos , trampas i redes , de lijeros perros acompaña- do se le enviase a predicar el £vanjelio i a propagar la relijion Cristiana : ¿ quién , pre- gunto , estando en su juizio , i mas mirándole las manos siempre empapadas en sangre , de andar entre espesos sotos , no tendrá a éste por un cazador insigne antes que por un pre- dicador Evanjélico ? Era ciertamente propio de 14 obispos * piadosos , si algunos hubiese habido , el cargo de enseñar la verdadera piedad , así a los nuevos como a los viejos cristianos : i cargo no por los hombres sino por Cristo mis- mo a ellos encomendado : mas ignorando o despreziando ellos mismos su ofizio , ni uno solo del orden de obispos o de teólogos hubo, que juzgase se le quitaba una buena parte de sus funziones en cuanto se creaba aquel nue- vo tribunal : tan en completo desuso estaban todas las leyes de la disciplina Cristiana.
Pero instituida i afirmada de esta manera la Inquisizion , por mas que en virtud de la autoridad suprema del mundo , esto es , de la real i de la pontifizia , i apesar también de
!S (|uc por la singular aioiiencia de !>ant¡iÍ3i) se mostrase según los cálculos de todos digna de ser aprobada , no Tue ¡lor to<los al |iunto rezi- bida , pues que intentando el Rei Femando introduzirla a la Tuerza en su patrio reino de Aragón , se opusieron los gi-andcs del Reino , moderadamente por cierto al piinzipio : des- pués amenazándoles la fuerza , resistieron también con la Tuerza . alegando que aquello antes se dirijia a disminuir la libertad del rei- no que a purificar la relijion. I no se rezibió (si puede dezírse que se rczibe lo que a la fuer-
. za se impone) hasta que después de mucha * 15
I sangre derramada por ambas partes , se afir-
I mó de asiento. Atestigúalo hoi . ademas del
odio que tienen a la santa InquJsizion, asi los
i Grandes todos, como el pueblo, en aquel reino;
el maestro Epila ' enviado alli por f I rei con
I suma autoridad para ese ofizio i muerto por
los grandes en Zaragoza en el primer templo
I de la ciudad , lo cual le valió después la divini-
dad para con el vulgo supersticioso. Pues tié-
I nese por indudable que la sangre del recion
í
• Otro» le UamsB— S. Pedro Arbués. Fui, comn yo, colcjb
16
iniierto subió humeando bastad mismo altar, declarando el cielo con este prodijio la inocen^ cia del muerto i la justizia de la causa porque murió. I aunque en su mismo sepulcro fre- cuentes milagros atestigüen esto mismo toda- via (que tal es la vanidad de los hombres i el poder del diablo para engañar a los que, se- gún dize S. Pablo 2. Thes. 2 , desecharon el <imor de la verdad) con todo el titulo de Santo, el que le llamasen San Epila , aun no lo con- siguió, porque muerto por una causa santísi- ma sin duda, se le encontró armado debajo de la ropa, no solo con una camisa de hierro , (lo cual , según dizen , nada se oponia al llama- miento divino), sino también de una espada : 1^ pues esto solo * es lo que impide honrra tan grande.
Mas , volviendo a nuestro propósito , se di- rá : No se establezió la ¡Inquisizion para ins- truir a uno en los preceptos relijiosos , sino para castigar i estirpar los errores i las here- jías. Convenimos a la verdad. Pues que los pia- dosos reyes pensasen al prinzipio otra cosa de la que después salió de sus malignos conseje- ros , lo demuestra su misma piedad : por lo cual , instituida la Inquisizion para los fines
íjuc liizcn , i según quieren algunos , aiilts do h guerra de Granada , que ésto nada estorba a nuestro propósito , aquel <'uidado sin duda de enseñar la fé a ios nuevos Cristianos se de- jó totalmente [irimero a los párrocos i por es- tos . desputis , a sus clérigos i sacristanes , ca- da uno en su pueblo o nidéa , quienes debían enseúar a las orejuelas , miserablemente enga- ñadas, el AveMaria, Padre nuestro , Credo. Salve-regina , en palabras mas bien bárbaras que latinas , i poi- vía de juego ademas i para irrisión de los infelizes , mas bien que con se- riedad : i esto no de valde, sino a gran precio , muchas vezes , a|iarte de la común exacción . aun a costa del pudor de sus [mujeres e hijas. I'ero en aquellos cinco preceptos de la Iglesia, absolutamente necesarios * para la salvazion , 17 oír misa las fiestas i los domingos , confesar , comulgar , ayunar cuando lo manda la santa madre iglesia, pagar diezmos i primizias , de- bían insistir con palabras mas (|ue claras, has- ta dar náuseas. Con semejante instituzion en la relijion, ¿qué otra cosa al parezer se procuraba sino los errores perpetuos de algunos hombres desdichados, para que la inquisizion, estable- zitJa por otra parte a causa de esos mismos er-
^
Í8
rores , se apoderase siu i'enii'dío Je su presa t como hazen los robustos i arinadoB cazadores que azeclian la suya desde una atalaja? Pero volvamos al asunto.
Aun suponiendo instituida la Inquisiziou pa- ra esos lincs. i que no le peitenezca instruir en laféya i|ue le importa estirpar los errores: con lodo, los buenos i circunspectos consejeros debieran procurar que los obispos Cristianos no fuesen defraudados del derecho de su ofizio que tienen en virtud de las mismas sagradas escrituras. I también que no se fiase la cstirpa- zion de las herejías a otro hierro o a otro fuego que a la palabra misma de Dios. Enseflaba cla- ramente el Apóstol ambas cosas en la epístola a Tito, donde, entre otras dotes del obisi» Cris- tiano , quiere , que sea constante en la plática fiel , que es según doctrina , paraque pueda \% [dize] exhortar ' i convenzer a los que contra- digan. Pues como nunca se sacará de la fuer- za o de los tormentos la fé verdadera i salutí- fera , (que es ta) por naluraleza) asi tampoco se estirparán las herejías , ni con la muerte misma de los herejes : mas , para lo uno i lo otro , es muí apropósito la misma palabra de Dios , con la cual sola , se enjendia i aumenta-
19 la fe : i examinando las cosas a la luz de la misma palabra , se echará de ver, al instante, todo lo que no es conforme a la verdadera fé. Debieran pues consultarse las sagradas Escri- turas , i ver qué penas establezieron contra los pertinazes i contra tos que obstinadamen- te resisten a la verdad : ¿ acaso los azotes , o los suplicios de fuego , entre todos los usados , los mas crueles ? Porque ¿qué n'.ayor avarizia que aquellas confíscaziones de bienes? ; que co- sa mas inicua , mas absurda i mas ajena de la profesión Cristiana? Ahora bien ¿ con qué pa- labras , convertiremos en mérito el usar de este jénero de multas (pasando por alto aque- lla ignominia , después en ninguna manera compensable) aun contra los que volvieren de su error? San Pablo , en el lugar citado , nin- gunas penas estableze. Pues es posible , que alguno, convicto, vuelva en si, con el cual de- be usar el pastor Gel, no de multa de ningún jenero, sino antes de suma blandura i benig- nidad. * Pero: oigamos lo que en otra par- 19 te claramente estableze contra^ el contumaz. 'Evita, ' dize, * al hombre hereje después de una i otra amonestazion/ Manda ([uc se le amoneste en sü error, una, dos vezes, i esto, el
m
K
obispo, no (|uc se le anastir a juizío , ni quc cn e\ acto se le üaga pasar por las penas de su error, ¡estas, en cstiemo gravísimas. Sí hizie- re caso de la amoneslazion, asi el obispo , co- mo laijjlesia, tienen ile donde alegrarse . por haber ganado, para la vida, a un bermano, a un miembro de Críslo. Si no: manda, que se le cscomulgue ; esto es , que se le separe i es- cluya de la congregazion de los Relés, i cslu, no en venganza de su error ó contuinazion , sino por remedio. Concuerda esta sentcnzia del Apóstol con el precepto de su Maestro. Mat. 18. 'Si ni a ti' (dize)' ni a aquellos', esto es , a los que por segunda vez le amonestaron, 'oyere, dilo a la iglesia , i si no oyere a esta , tenleporjentili publicano.' Esto es, juzga que no pertcneze a la congregación de los fieles i al reino de Cristo con mejor titulo que los que nunca hubieren rezibido la fé. En este grado de severidad, harto rigoroso si bien se conside- ra, detiene el paso la diszipUna cristiana. Con este tribunal , con estas leye», con esle mcto- 20 do de prozcder en las audiencias * contra los hermanos descaminados i contra todojéneru de herejías , medios que usó felizmente la igle- sia para estirpar todas las qite en cualquier
21 tiempo pulularon en ella , hubiera debido es- timar la piedad cristiana [úes que existia), que Cristo habia mirado por si superabundante- mente. Pero el que quisiese estirpar los erro- res con la muerte de los que yerran , baria cier- tamente lo que un médico próvido , sin duda, que deseando librar de algún mal a sus enfer- mos los matase de propósito. Añádase , que los que dizen que de este modo cstirpan las bcre- jias , además de no consegairlo, (pues, aun permaneze la mentira con opinión de verdad) quitando de en medio al qu e yerra , le cortan todo camino de salud. Pues pudiera suzcder según l9s recónditos e incomprensibles que son los jnizios de Dios , que , conservado en la vida , se redujese por fin , alguna vez , a mejor acuerdo. Pero corre peligro no infizio- ne con su mal a otros. Confesamoslo , i por eso manda el Maestro i el Apóstol que se le huya i separe del cuerpo de la^ Iglesia. I si por razones quizá mas probables , era lízito castigar a los tales contumazes con penas aun mas severas , ¿no era acaso para ello sufiziente i harto lejítimo * el majistrado ordinario? 21
Sin duda , responderán , que a los majis- trados seglares no puede pertenezer ^1 cono-
22
zi miento de las herejías , por estar destituidos de la erudizion en la sagrada doctrina i de la práctica de las cosas eclesiásticas. Pues se tie- ne por cosa mas (¡ue averiguada , entre esos mismos doctísimos maestros de los sagrados ministerios , que al majistrado ( a quien por afrenta llaman secular ) no perteneze ni el co- nozimiento ni aun la ciencia de lo sagrado. Pero , ¿con qué práctica , pregunto , en las cosas sagradas , o con qué erudizion de la doctrina de la fé , son promovidos al cargo inquisitorio , los mismos que han de conozer de la fé , de la cual no obstante se llaman pa- dres , i azerca de las herejías , de las que se dizen estirpadores , i los que por fin han de pronunziar la sentenzia ? Júzganse bastante idóneos para este empleo sr son Doctores en ambos derechos , a saber , Real i Pontifízio. A ningún teólogo de aquella teolojia sea cual fue- re, vimos en ese ofízio desde la remozion de los Dominicos , de que ya hablamos. ¿ Qué dire- mos , si ademas , desde entonzes , previnieren las leyes inquisitorias , que ningún teólogo suba á aquel tribunal ? Mas en lo que atañe al 22 conozimiento del derecho seglar , * los In- quisidores no aventajan a los majístrados se-
25 glares : i no pueden negar que en las causas de la fé, otro tanto , como la mayor crudizion en el derecho portifízio , sirve i ayuda la ju- risprudenzia seglar. ¿ Pues , cómo podía ser que puestos a juzgar de relijion , enteramen- te faltos de todo conozimiento i ciencia en las sagradas letras , contentos solo con el apoyo del derecho humano , no mezclasen lo amar- go con lo dulze i lo dulzo con lo amargo , no llamasen a la luz tinieblas i a las tinieblas luz? Es dezir , que mientras se declaran padres de la fé , estirpen la fé , i alimenten portentosos errores: acaben con los hijos de Dios i fomen- ten los hijos de satanás: maten los siervos de Cristo, conforten empero , conserven i aumen- ten los miembros del Antecristo.
Responderannos a esto , que aunque efec- tiyamente no puedan ellos mismos juzgar me- jor de las controversias de la fé , que los cie- gos de los colores, llaman no obstante por eso a la deliberazion i consulta de semejantes can- ^
sas a algunos teólogos para resolver según su ^
dictamen ; i prinzipalmcnte a los Dominicos , a quienes , de todo aquel cúmulo de negozios inquisitorios , pareze que solo queda el ser llamados a las consultas i a las que llaman * 25
24
ualilicaiiuiiea de duclrina. Pero aunque aquí- no evainincnios , ahora , de que espezie de teolo- jía entran provistos en el empleo ; no es sinem- bargo diGzíl averiguar , si esos mismos . por )as causas que arriba brevemente apuntamos , separados de su oGzio i juzgados ineptos para él, vinieron ya d ser mas aptos para su desem- pefio : sobre todo , cuando se junta también a los antiguos achaques del ánimo el dolor de la antigua ignominia rczibida.que se recrude- ze cada dia . al contemplar aquel tribunal des- de tan bajo puesto i ciertos zelos perpetuos de su perdida dígoiilad , causados por los rivales que les remplazaron. Apelamos sobre esto a los inquisidores mismos nadie mejor sabe las seriales que de su exacerbada úlcera interior sucli'n dar cuantas vezes se les cita , a tan gra- vas (iL'liberaciones: i por esto quizá , en alguna parle se pensó en cerrarles totalmrnte las puertas de la inquisizion. Pero supongamos que estén ya mas sanos ¿acaso no podria ct inajistrado ordinario llamar a tales consultas a los mismos teólogos ? Abora bien ¿ qué ini- quidad es esta ,que total inversión del de- recho, constituir a cualquiera por juez de co- sas, que no entienda absolutamente , paraque
25 le sea de todo punto nezesario estar siempre * 24
colgado de los juizios de otros cualesquiera que sean? •¿Quién pues se admirará ya , con Justi- cia, si cuando contemplamos sentada a la San- ta Inquisizion en aquel su divino tribunal de- zimos con Salomón. «Vi en el lugar del juizio sentarse la impiedad, i en el lugar de la justi- zia la iniquidad? » Entre tanto por el siguiente ejemplo podrá observarse , cuanto se permiten los inquisidores en aquellas mismas cosas que por mui heréticas severisimamente castigan en otros. Suzedió Jxaze pocos años en Barcelo- na , ciudad celebérrima del * Principado de Cataluña , que debiendo, en la fiesta del Cor- pus-Cristi salir en procesión el pan de la Misa dispuestas todas las cosas para tan solemne pompa , el sacerdote , que habia representado
aquella trájica misa mayor , advirtió , al ir ya a encerrar en el viril de oro la hostia consa- grada, que su circunferencia era mayor de la que podia caber en aquel viril. Suspensos to-^ \
dos i detenido todo el aparato, nadie habia en tan célebre concurrencia a quien ocurriese lo que se debia hacer en aquel inopinado caso.
• regni CathalonicB—, en el ory.
V
V
26
Farsa cu verdad ridicula i digna de tan gran 5 concurso. ' Solo un medio talvez bailaban los maR prudentes. Af salir de ai|uella dificultad , i era intentar , bajo mejores auspizios , otra misa , * en otra roda¡uela de pan , recortada jirimcro a la medida del viril. Has era ya muí tarde para empezar tan larga pompa i aquella no ¡lodia sin grave inconveniente detenerse por mas tiempo . Acaso , de los sacerdotes , ninguno liabia que , para sobrellevar el próxi- mo trabajo de t:m gran solemnidad , no bubiese almorzado un tanto largamente. Porque el que habia cantado la misa mayor (como quiera que los parezeres de los teólogos le autorizaban pa- ra dezir otra inmediatamente , en caso de ne- zesidad ) habia sin embargo consumido en la primera (pues cómo pudiera hazer otra cosa? ) no previendo aquel inopinado suceso. Estaba presente cierto Inquisidor miii nombrado , Mnlonio , Aragonés. Kste , por hábito impa- zienle , i fiado sobre todo en su autoridad in- (jiiisitoria , cojiendo unas tijerillas cortó lo supérUuo a la hostia consagrada dispuesta pa- ra el viril , i a todo el pueblo aquella perple-
■ ton, pDreiedcbe d«iir. El lal. tn alia panii orbit'lo.
37
^dad. Alabarán unos la admirable industria de aquel bombre en la dificultad presente. Abominarán otros impíamente de su temera- ria audacia. Lamentarán alj^unos i se dolerán* 26 de la calamidad de su Dios recortado i reduzí- do por las execrables manos de un Inquisidor. Pero, (o, buen Dios ! ) si cualquiera , no inqui- sidor, i prinzipalmente oriundo por algún lado de la Judaica estirpe . hubiese tenido tal atrevi- miento ¿qué penas no se le habrían impuesto ? Separósele , por aquel atentado . d Molonío de su ofizio. Has porque no se perdiese un tan valiente soldado de la ¡nquisízion fué otra vez a los pocos dias enviado de inquisidor a Sevi- lla. Pero , i a qué hablar mas , del modo que tienen , ya de ensalzar la autoridad del Papa , ya de deprimirla . ya de adorarla ya de des- preziarla : ya de vengarla , con la mnerte de los que pecan contra ella , ya , según pareze requerirlo el provecho o detrimento del santo ofizio , de desacreditarla , de ofenderla , pro- fanarla ?
No es a la verdad nuestro ánimo insistir ahora masen esto: solo en cuanto nos parezió tocaba, a la materia del prefazio, manifesta- mos de qué prinzípios o con qué ocasión nazió
^
'i8
la ¡nqulsizioii, cual sea su antigüedad, cual sn Ranli<la(1,cuales en fin atjucllas ventajas que con expurgar sin duda la relijion projiorzionó al mundo hasta el presente. Siendo estas. Ules cuales hemos rererido (pues ningún hombre 27 recto habrá (jiie ' lo niegue o que con cualquier justa causa las disculpe) , no debe estrafiarse que los pueblos, hasta aqui. por respeto, obe- dientisimos a sus majislrados, para apartar de sus términos lan terrible calamidad , ya que por otros medios no pueden, al cabo acudan a las armas. Protegían que de ningún modo re- husan la purilicazion de la relijion puesto que de todas veras la desean: pero la quieren, dig- na de su nombre; esto es , la que exija el man- damiento de la palabra de Dios , que debe ser para todos los guardadores de la verdadera re- lijion la única regla de Relijion: de la inquisi- mn en esta parte, fuera de lo que hasta aho- ra dio (le si , ¿qué pueden esperar? Protestan que deben asu lejitimo majislrado , i en ver- dad, según la misma palabra de Dios, obedien- zia , honrra i tributo, i que están aparejadísi- mos a prestárselo con su acostumbrada pron- titud: pero ruegan que se les reziba, todo ello sin agravio de Dios i sin la tristísima cautivi-
29 dad de sus conzienzias , cosas que á los varones rectos ¡ piadosos deben ser mui recomenda- bles , i mucho mas caras que la misma vida. Protestan , que de ningún modo , quieren sa- cudir el yugo de la obedienzia lejitima a su ma- gistrado pero quéjanse con razón de qu€ á aquel suave * i humanísimo yugo , que hasta aqui 28 con la debida conformidad de ánimo llevaron , se añada ahora el freno de hierro de la inquisi- zion , que no se aplica á otra cosa que á matar inozentes ciudadanos i a confiscar bienes. Po- diasc tal vez en otro tiempo culpar a los arago- neses, por no haber, según arriba dijimos, rezi- bido sin tumulto i muertes la inquisizion , dis- frazada con aquella hermosa i aun reziente máscara de santidad , i cuando no se ensañaba contra todos indistintamente , sino solo contra Moros y indios , i esto por titulos al menos plaus3)les ; pero cuando por espacio de seten- ta i cinco años cumplidos no cesa de produzir los frutos que aqui referimos , no parece en verdad que están enteramente locos los que se empeñan, como pueden, en echarla de sus tér- minos. Antes bien se juzgaría que lo estaban , si como a padres de la fé , pastores i propaga- dores de la relijion recibían en su casa , a sa-
G
30
biendas i queriendo, a los verdaderos enemigos i cruelísimos estirpadores de la relijion. Mas los que ignoran que aquellos sean tales , lean atentamente y consideren algunas de sus artes (pues el dezirlas todas sería imposible] i algunos modos de prozeder , aqui descubiertos, i juz- guen después al fin.
I
\
)
ALGUNAS ARTES*
INQDISIZIOIV ESPA^OLH
DESCUBIERTAS I AL PÚBLICO MANIFIESTAS.
MODO PECULIAR QUE SUELEN TENER LOS Inquisidores de citar i prender
A LOS DELATORES.
Ijos inquisidores , rezibida de alguno la que llaman denunziazioR , o mas bien delazion , eu las cosas por lo común mas leves , ( aunque pa- ra este tribunal nada casi es tan leve , que no acarree una muí grave pérdida a los acusa- dos reos) suelen usar del siguiente estratajema. Envian secretamente a alguno de los muchos que para esle ofizio tienen ensenados, (familia- res los llaman ) el cual haziéndose el encontra- dizo liable al denunziado con semejantes estu- diadas palabras. «Ayer por casualidad estuve * 2 con los señores Inquisidores , que preguntando por ti , dijeron tenian algún negozio que qu¡-
r
BÍeraii comunicarte i me encargaron que de su parte te lo hiziese saber para (|ue mafkana a tal hora te presentes a ellos.» .No le vale al llamado rehuir o dilatar el pregentaree , a no ser qne quiera hazerlo con grandísimo daño suyo. El denunziado . pues , acude al día siguiente i di- ze al portero que avise a los señores padres , de su venida. En cuanto lo saben , se juntan todos tres , si están : si no , dos ( pues por lo común es un triunvirato ) en el cónclave en que suelen ventilarse estas causas ; tal como el fuerte de Triana en Sevilla i en semejantes lugares , en otras ciudades : i mandándole después entrar , le preguntan a él mismo r{ué se le ofreze. El llamado responde haber rezibido de su parte el dia anterior orden de presentarse a ellos. Pre- gúntanle entonzes como se llama i oído su nom- bre le preguntan otra vez , qué se le oñ'eze : «porque , en cuanto a nosotros , (dizen) ignora- mos si eres el que mandamos venir. Mira si tienes algo que manifestar a este santo ofizio , en descargo de tu conciencia , bien sea de li mismo , o bien de otro cualquiera etc.» A csLo, el llamado , o responde que nada se le ocurre •5 ( i * el responder así i mantenerse firme en es- ta respuesta basta lo último , ante aquellos ,
que no buscan sino la ruina del que a sí propio se denunzia , o la de los que denunzia , fué siempre el mas saludable i humano consejo), o ignorando los lazos en que se enreda, canta in- consideradamente alguna cosa de si o de otro. Entonzes los señores inquisidores , alegres por su hallazgo» para amedrentar con mas fazilidad i confundir al imprudente que de grado se les dio por presa , se miran uno a otro , jeslean , como si algo hubiesen descubierto , fijan los ojos en la cara del declarante, se susurran algo, al oido, o en realidad nada, i al cabo resuelven, o que el llamado se quede en la carzel, si aque- llo de que se acusó pareze grave ; o si nada de- claró , le mandan que se vaya , pretestando ig- norar , basta ser mejor informados , si es él , el mismo a quien mandaron citar. Mientras se tiene este examen, ya cuidaron ellos de que es- té tras de algún tapiz secretamente escondido, el que delató al interrogado , paraque sin ser visto pueda reconozerle en la cara, si es que no le conozieren los inquisidores.
Al denunziado ( pues asi llaman a aquel cuyo nombre fué delatado en este consejo de * in- 4 quisidores) del modo que ya dijimos , le man- dan que se vaya , ciertos ya de que es él quien
4
ha de prestar asunto a la futura trajedía , í sa^ zcde , a vezes , que no le vuelven a llamar sino después de pasados algunos meses , prinzipal- mente si es indíjena > porque al advenedizo no le conzeden tantas treguas. Asi cuando les aco' moda exhortan de nuevo al citado , a que si al- go sabe , o algo oyó , que a aquel santo tribu- nal pertenezca , lo declare: pues ellos tienen notizia de haber él tratado , con algunos sos- pechosos en la fé , cosas pertenezíentes a esta: las cuales si de suyo confiesa , tenga por cierto no le resultará perjuizio alguno : asi que , mire bien por sus intereses : que ellos creen que , cual cumple a un buen Cristiano , repasará en su memoria , cuanto acerca de eso le baya acón- tezido , por ser posible olvidarse (según lo fra- jil que es la memoria de los hombres] i que de- clarará cuanto supiere, si acaso se le recuerda. Con estos i otros halagos semejantes reduzen a muchos imprudentes : cuando no , los sueltan, pero de manera , que no se crean enteramente absueltos , antes al contrario , estén en conti- nua zozobra, i miedo, de poder ser otra vez ci- tados. Suzede también el disimular con alguno 22 por muchos * dias i a vezes aun por años, antes de mandarle prender, pero envian siempre uní>-
5 n otro de sus allegados, que couasluzia i reserva sea perpetuo e inseparable compañero del impru- dente , qve ningunas asechanzas sospecha i que con sagazidad se insinué en la amistad i familia- ridad del mismo> para poder con mas franqueza visitarle todos los dias, observar con quienes tra- ta, adonde va, qué haza i aun lo que en su men- te revuelve : de manera que sin un especial au- xilio i providencia de Dios, no es posible que na- die logre escaparse de semejantes lazos. Si algu- na vez acaeze, el que uno de los inquisidores en- cuentre en alguna parte a aquel a quien deja- ron ir , le saluda con agrado, le abre su pecho, le muestra mui benigno semblante i se le ofreze por amigo , i todos estos ofizios de benevolen- zia , tienden a hazer mas confiado al hombre , hasta oprimirle de repente con su propia ruina. No se puede prever qué utilidad saquen de esta
sutileza , para todos los hombres sinceros i 0^
rectos detestable, fuera de aquel deleite que sa- ca el cazador, de jugar i divertirse con su mis- ma presa viva, o el pescador , con el pez que ya clavó en el anzuelo^ i a quien alarga mas se- dal para que se divierta debajo del agua * con un o ^ deleite vano i que luego ha de acabar : o bien el gato con un ratón al que para que no se escape,
(I
quebraiitü lui lomos , con el cual agradable- mente se regala ; dejándole a vezes libre , i apretándole luego con los dientes con mayor crueldad que antes. Mas puede ser , que aun sin saberlo nosotros , también aqui se oculte alguna arte no de todo inútil al Santo Ofízio. No con todos, a la verdad , guardan la costum- bre de jugar , como dezimos , con la presa : tienen en cuanto a esto mui buena elección de personas i de cosas , de cuya elección puede ser una prueba el que ni con los forasteros tienen este método , ni con los naturales que creen pueden escaparse , si se les da tanta libertad : ni aun tampoco con los que fueron delatados de cosas mas graves , que a su juizio requieren un pronto remedio , i sobre todo cuando por su confesión esperan tener de otros notizia.
Cuando ya tienen resuelto prender al delata- do , citan al vizejerente del obispo de la dióce- si , esto es , del supremo pastor (llamante Pro- visor, Vicario, o bien Ordinario) i mostrándole la informazion (asi llaman a la deposizion de los 7 testigos) que * tienen contra el delatado , deli- berado con él el asunto, suscriben todos al auto de prisión. La razón pareze sobre todo espe- ziosa: no quieren que parezca liaber ellos pues-
7 io las manos en una ovcjuelu ajena , sin apro- bación i consenlimicnto de su pastor^ quien tan ignorante de su ofízio pastoral (como por lo co- mún son todos sus semejantes en el papado) con fazilidad se aviene a aquella sentenzia , i con- desciende a que una ovejilla puesta a su cuida- do, arrancándole primero el vellón, sea después bárbaramente despedazada. Hasta el presente
ningunos pleitos se vieron entre los inquisido- res i el Provisor, por pedir los unos a cualquie- ra para el suplizio i defender piadosamente el otro al que le fué encomendado, i sí, se vieron, ^ se ven todos los dias no pocos , a quienes , como a injustamente prendidos i tratados, dan *os mismos Inquisidores un testimonio de su inocencia, después de la continua maceracion de un largo encierro, después de descoyuntados ^odos sus miembros i huesos en aquellas atro-
zes i mas que inhumanas torturas , i aun hai algunos que espiraron en los mismos tormentos entre las manos de los verdugos, según diremos en su lugar. Por aquí se ve claro, que el citar al Provisor a deliberar sobre prender a una oveja suya fué siempre * mas bien una frivola 8 ceremonia por ambas partes , que no una cosa formalmente i por equidad practicada: i si d¡-
8
járemos que lo convidan a un imnquete prepa- rado con la sangre de su ovejuela como a lobo que de acuerdo con otros lobos ha de azeptar su parte , no diremos mas que lo que pasa. Yenga ya el Principe de los pastores i recompense a cada uno según sus obras. Suzede también muchas vezes que esta ceremonia de citar al Provisor a la deliberazion no se haze hasta des- pués de prendido el denunziado. Pues como se tiene por cierto que nada ha de dezir en con- tra , les pareze bastante el enseñar al pastor el prozeso de la causa , cuando ya el denunzia- do está en la "cárzel , paraque liberalmente apruebe de plano lo hecho i lo que está por hazer.
Si acaso suzede que algún denunziado estor^ be por medio de la fuga la prisión ; o que se escape de las mismas cárzeles, emplean entón- zes admirables astuzias, o mas bien engaños , para hallarle o reduzirle. Pues no les basta el dar de palabra a los que envian en su busca las señas comunes, tales como el traje , la figura , los perfiles de su cara, la edad etc. por las que se pueda reconozer al fujitivo , sino que ade- 9 más * procuran hazer pintar en varios pañizue- los la efijie del ausente , sacada aFvivo i con la
9 «xaetítHd posible , distribuyea estas efijies en- tre los indagadores , paraque hallándole , co- nozcan por ellas fazilmente a quien tal vez nunca vieron. Ilustrará semejante astuzia el «jemplo siguiente.
Pren£eron en Sevilla no haze mucho tiempo a un Italiano , que en Roma , había herido a cierto ministro de la Inquisizion (vulgarmente llamado alguazil inquisitorio.) Los famihares enviados en su busca, aunque según costumbre tenian consigo el retrato, sin embargo habien- do dado con él en Sevilla , no mui ciertos de que fuese , prinzipalmente por haber él muda- do con estudio de traje i de nombre, perseguían hazia tiempo , al mismo que sospechaban ser por el retrato. Acométenle pues con nueva i digna astuzia de espíritus familiares, en el tem- plo prinzipal de Sevilla , a tiempo que se pa- seaba i hablaba con otros. Acércanse a él dos o tres , i al volverles la espalda para repetir el
paseo, uno de ellos le grita detrás llamándole por su antiguo nombre. Él, entregado todo a la conversación que traía , i no sospechando cosa semejante , * vuelve de repente la cara , i res- 10 ponde a su antiguo nombre: al punto le pren- dieron los mismos azechadores , a quienes no
10
dejó ya lugar alguno de duda. Paw) en las cár- zelesínquisitoriasmuchosilias, ialfin, después i\p. largas prisiones , publicaincnle azotado i condenado a galeras en perpetua servidumbre, pagó la pena , no tanto de haber herido al al- guaiil ioquiaitorio, cuanto de su imprudenzia> descuido.
Aunque estos estratagemas sean muí injenio- sos i níngttna prudenzia humana baste al pare- cer a preca\erlos, no será fuera del caso tnani- l'estar con otro ejemplo raro , de que manera los ofusca Dios muchas vezes , proveyendo de cuando en cuando a los suyos de cierta astnzia santa para eludirlos. Haze un afto se escapó de la carzel inquisitoria de Valladolid un Belga , que, cojído por causa de la profesión del Evan- jelio , había pasado muchos dias en aquellas cárzeles. Salieron en su busca , según costum- bre, aquellos familiares cazadores. Alcánzanle a poras leguas de alli i le cojen en medio del ca- mino. £1 Belga afirma constantemente no ser el que ellos buscan, no por eso desisten los fa- It miliares, * antes por el contrario, a la fuerza , i atándole , trataron de llevarle , afirmando ser él: i no indezisos, sino con toda seguridad, «¿no eres tu ,• le dizen. -el qut: liaze ocho dias se es-
11
«apó de la cárzel de la Inquisición Vallisoleta- na?» Él, con semblante sereno, «miradlo mejor' dize,' porque ése no soi yo , antes vengo ahora mismo de León, en donde me dediqué por va- rios dias a mi ofízio, i paraque de cierto sepáis ser asi, leed este testimonio, que azerca de ello traigo conmigo.' T sacando al punto un escrito se lo dá a leer: el cual leido, danle fé al momen- to i le dejan libre , no sin vergüenza de haber errado puerilmente en prender a uno por otro, según creían. Pero azerca del testimonio con que tan oportunamente se libró , lo que hai es esto. Después de su salida de la cárzel, ponién- dose no sin prisa en camino, encontró en él por casualidad a un paisano suyo, de antes conozido que venia de León ciudad de España. Este, por exijirlo asi sus negocios , se habia procurado aquel testimonio. El cual, ignorándolo entram^ bos, dispuso Dios, por un decreto impenetrable de su providencia , paraque aquel se librase de tan gran peligro : pues , habiéndose ido el uno
dos dias antes, dejando al otro ese testimonio, para que se lo guardase; con * él , engañó éste 12 tan oportuna como chistosamente a aquellos si- cofantas i se salvó por fin. Suelen estos espíritus familiares usar de di-
^
12
versa ilil^cncia para desnuliríi- n loa fujitivos. I'ups algunos de ellos seguirán, o bien las bue- llan que ya )iall.iroii del ausente , o bien el ca- uiino que según su sagazisimo juizío, les pare- ze llevar. Otros (pues aun para una sola mosca que se escape de la Inquisizion sueleo despa- charse varios en su busca) velan en los mismos caminos azechando de noche . como que tienen por averiguado, que el que huye ha de caminar de noche mas bien que de dia. Contra esta di- lijcncia, preparará Dios al que quiera librar, Esto, en cuanto a la prisión : vamos ahora a lo f{ue acostumbra a hazerse después de la pri- sión i encarzelamienlo.
DE Llí SECUESTRACIÓN DE BIENES
mCHA COHUNHEnTE SECCBSTBO.
13 * Ti
rendido por el alguazil o por los familiares el delatado , al instante le piden i quitan todas las llaves de sus arcas i papeleras , si las jtiene, i envían un notario con algunos familiares i el mismo alguazil , para que reduzca a inventa río cuantos bienes Icnga en su casa , sean cuales fueren : lo cual dilijen te mente ejecutado , de-
^'^ 15
positan , para que lo guarde , todo, lo que ha- llaron , en manos de algún vezino rico , quien promete dar de buena fé cuenta de todo ello , cuando se la pidan. En este, que llaman secues- tro , conviene sobre todo , que los interesados no aparten los ojos de las manos de los que en él intervienen , i por quienes se baze ; i mas , cuando hayan de reduzirse a dicho inventarío, dinero , cadenas de oro o plata , o cosas en fin de algún valor, que fazilmente pueden ocultar- se : porque se les pega muchas vezes algo de es- to, cuando falta tan dilijente observación. Pues,
consta por lo regular este gremio de familiares, de rufianes , ladrones , i de toda espezie de hombres rapazes * i malvados , que acostum- 14 brados a vivir del robo , no pueden ni quieren contener sus manos. Añádese a esto,que no juz- gan ellos van a poner las manos ep unos bienes enteramente ajenos , i a los que no tengan de- recho alguno.
Réstanos , ahora, el manifestar brevemente, con que fin se haze este secuestro de bienes. El fin es , que si aconteziere por casualidad , ser condenado el preso a la pérdida de sus bienes , o a la confiscazion de alguna parte de ellos, na- da , ni aun una sota escudilla , pierda e\ Santo
D
14
Ofizio. Pues , CB claro , que en lodo negozio , lo que ellos buRCan es . la presa i despojos de los ¡nrdizes : De otra suerte . ¿qué tienen que ver ¡Oí padres dellafé, los letadores de la so- la piedad , con los bienes de los que proclaman querer rcduzír al camino"! O iquién será tan ne- cio que crea poderse cor r^ir el error en la fé , con la confiscasion de bienes^ Tampoco sin em- bargo , es ajeno de hombres cristianos el ser , por la confesión de Cristo, despojados, por los enemigos , de todos sus bienes , i aun de sus vestidos ; puesto que eso mismo se hizo con el Seüor, cuyos miembros son, i cuya verdad pro- fetian, decretando , después de quitarle cruel- mente la vida, echar suertes sobre sus vestidos no de gran prezio i aun acaso raidos por el uso. {5 * Este sacrílejio está ya tan santificado por el voto común de los teólogos , es dezir, de frailes i clérigos, que despojándose de toda vergüenza, predican i ensenan, que el que no consienta con la doctrina del Papa de todos modos, o disintie- re de ella alguna vez, queda por )o tanto obli- gado en conzienzia (según dizen] a entregar al íisco todos sus bienes, a quien se los debe to- dos, como si antes se los hubiese quitado. La razón, dizen , es, que en el mero hecho de ba-
berse apartado de la doctrina de lalgleeia Ro- mana, se constituyó poseedor ilejítimo de lodos sus bienes , i pospedor lejitimo dellos al rei , a quien el Papa los adjudicó. Por lo tanto está obligado a restituírselos Íntegros , aunque la Inquisizion nada hubiere sabido nunca azerca de su negozio. De esta suerte, i con ese solo la- zo de sagazisimos cazadores, se hazen ante todo mui azeptos a los reyes , i enredan al mismo tiempo las conzienzias i las bolsas del miserable i estúpido pueblo , que los tiene por lum- brera.
Pero voWieado a nuestro propósito . así que entra el cautivo en la primera puerta de la cár- zel , el alcaide con el notario le pregunta si tie- ne consigo algún cuchillo * o dinero , anillo o 16 alguna alhaja preziosa. I sí es mujer i tiene col- gada de la cintura, alguna cajilla do |)unzones, anillos, collares, aretes, o alguno de tales ador' nos mujeriles; la despojan de todos ellos , i por lo común ceden como presa a los despojadores. Esto se haze para que nada tenga el cautivo en su cautiverio con que se puede ayudar. * Escu- drinan además si acaso mete consigo ocultamente
16
algún escrito, o librillo, o cosa semejante. Pero luego que entro en la carzel , le encierran ea alguna de las muchas celdillas , no desemejan- te al sepulcro en lomui ai^usta , en el olor i tinieblas ; a algunos se lesencarzela, solos por ocho o quinze dias, a otros por algunos meses, i a otros para siempre: a algunos , desde el pri- mer dia de su cautiverio , se les dan compañe- ros , según por sus artes les pareze a los seño- res Inquisidores mas conveniente.
DE LAS VARIAS AIIDIENZIAS.
17 * Uespues de uba o dos semanas de encarzela- miento, los Inquisidores , de concierto, envían secretamente al alcaide de la carzel , paraque , como si saliese de él , aconseje al encarzelado que pida una audienzia , lo cual , a saber , el que el encarzelado entable primero la acción , no debe creerse careze de algún misterio. El alcaide , pues , a la hora dd almuerzo , o a otra mas cómoda para ello , se azerca al cauti- vo, i mezclando diferentes pláticas, viene a pa- rar en preguntarle como no pide , paraque se despadie luego su negotio , que se le dé una
17 audienzia. 1 así le aconseja, que cuanto antes la
' pida, i le advierte que con esto ayudará no po- co a su causa , i llevará mas pronto su negozio a un fin no mal: o que en cuanto a si propio, se ve obligado , por la amistad que ya con él le une, a advertirle su interés , i a prometerle pa- ra lo suzesivo fiel i amigable ayuda. Piadosa- mente se puede creer , que el rehusar el encar- z^ado pedir audienzia , i esperar a que le lla- menlos Inquisidores ha * de ser mas ventajoso 18 a su causa , si es que le queda alguna ventaja al infeliz entregado ya como presa a las fieras inhumanas. Al menos , si otra cosa no, suzede- rá , por esperar , que no tenga el cautivo otro cuidado que el de responder a las objeciones de los mismos. Pero siendo esto un misterioso ar- cano , quede la decisión piara loa que coa roas, prudenzia opinen.
Ignorante el encarzelado de estas artes, por lo común sigue en el asunto , el consejo del al- caide, porque piensa haberle este aconsejado lo mas saludable i le ruega que al pedir la audien- zia haga sus vezes. A cuya petición aczede al punto el Inquisidor. Entrado^pues el preso en el tribunal, el Inquisidor, al descuido, como si nada supiese , le habla casi en estos términos :
18
•El alcaide déla carzul viene i dize, que (u pi- des audienzia , ¿qué es pues lo i|ue quicresN E preso responde que desea que se entienda en su negozio. I si acaeziere ser poco cauto , empie- za 3 confesar algo de aquello porque piensa le delataron , obligado a ello por el tedio de la carzel , i por el miedo de lo que para adelante augura. Agrada éslo sobre manera a los padres, puesto que esla vez i otras muchas después 19 suelen para esc fin * coiizeder audienzia a los presos i llamarlos . de cuando en cuando , al tribunal, antes de darles copia de su acusación integra i de las deposiziones de los testigos (que debia ser el primer paso según el orden lejiti- mo del derecho ) paraque el reo vomite de si algo que aun no saben. Amonéstanle , que con- fiese, ile prometen , que si reconoze degrado sus yerros, le dejarán ir al punto a su casa, que rri breve resolverán su negozio i usarán para con el de mucha misericordia. Pero si ( lo que i'S mas saludable) calla obstinado, a todas estas promesas vanas i llenas de engafto , le advierten süriamenteque descargue su conzienziai que pi- tlaaudienziacuando hubiere yadeterminadocon- Icsar de grado: que ellos entre tanto examinarán .^it uegozio : i con eslo le remiten a la cárzel.
i
19 Al cabo de seis u ocho días después , o mas, según les pareze , mandan que se presente de nuevo, i le preguntan sí determina confesar al- go. El preso o responde que nada tiene , i que está inocente, o confiesa por casualidad alguna cosa. Cualquiera que sea su respuesta, ellos re- piten la antigua amonestación , que mire de descargar suconzienzia, pues , por su parte ^ , 20 no buscan mas que su bien i salvazion, estando como están, mui propensos a tener con él mise- ricordia, que si desprezia tanta lenidad, llegará a esperimentar un juizio mas severo, acusán- dole el fiscal; i con esto , le envían de nuevo a lacarzel. Fiscal, llaman, al que después de re- zibir las acusa ziones , de los delatores , en la sustanziazion de toda la causa haze ofizialmente de actor : llamado sin duda asi, porque mira en particular por el fisco , i le presta su trabajo por un estipendio.
Citado Juego el reo a la terzera audienzia (pues asi llamamos a las acciones jurídicas va- liéndonos de nombres ya usados i conozidos) le preguntan , si tiene cousigo mismo algo delibe- rado, i le instan, en virtud de la antigua cauzion muchas vezes repetida , a que de grado mani- fieste la verdad : de lo contrario obrarán con-
20
fDrme a derecho: (entienden, en este logar , por derecho, atormentar atrozmente , i despedazar a hombres , que aun según sus misaas leyes nada de eso merezieron): que tenga por cierto , que aquel Santo Tribunal, a nadie haae úcyaria, ni prende nunca a nadie , sino cuando está su- fizientemente informado etc. Si el reo descubre algo, aun finjen, que no están satisfechos, i que
•
creen que oculta a sabiendas muchas cosas; * 21 asi le remiten a su cárzel , * abierta tanio mas la herida , i multiplica después las audien- zias, según advierten que va poco a poco decla- rando mas. Pero si el debtado responde con ánimo constante que nada tiene que declarar en aquel lugar , mudando de ardid, le tientan con una nueva astuzia, exijiendole juramento , para lo cual le ponen delante un idolo, que represen- ta un crucifijo cubierto con un velo negro para infundir temor , i no sé que otros Ídolos; i tam- bién, el libro de la misa, o misal: a vezes algu- na simple iraajeo de la cruz, porque omiten o multiplican estos ardides, i meros juguetes , se- gún les pareze que conviene, teniendo en cuen- ta el hombre con quien tratan. Este es, para el hombre cristiano, un paso como forzado, de su camino , en el cual por necesidad tiene que ha*
21
zer una clara i perfecta confesión de su fé. l*or- que si el acusado fuere verdaderamente íiel , ^ hubiere de corazón abominado la idolatría, mi- rando a aquel solo Fuerte i Zelador, que en su sacrosanta leí reservó para si solo , esta gloria de jurar por su nombre ; se guardará cierta- mente de comunicarla a vilísimos ídolos de ma- dera, o de hierro, que en cuanto se les viste con la imajen de las cosas mas sublimes, son por lo tanto mas * abominables a los ojos de Dios i de ^ su Iglesia. Se guardará, pues, el hombre piado- so, de tan impío e indigno juramento, aunque de no prestarlo hayan de ser descuartizados sus miembros, puesto que ídolos son verdadera- mente, no Dios a quien se debe entera esta honra , sin que puedan negarlo los mismos In- quisidores. Después de rezibir al encarzelado el juramento empiezan a examinarle con tales pre- guntas. Quien es: de qué reino: de qué arzobis- pado u obispado: de qué ciudad, villa o aldea : de qué abuelos i bisabuelos desciende : cómo se llamaban : si tiene hermanos o hermanas ; en fin , que parientes, i como se llaman : cuales sus ofízios i modos de vivir? Si el mismo , o al- guno de su linaje , incurrió alguna vez , en la censura de la Inquisizion , i por qué causas.
V
22
Cuántos años lioiic , im <lón<le , en qué <:jerzi- zios, finalmente, en compaflia tie que personas pasó los aflos que dizc tener de edad.? ¡ aquí se le ubiiga a dar una cuenta esacta, de toda su vida , por años , i por cada uno de los lugares en que residió : pues Uu cada circunstanzia de estas , sacan argumentos , no leves , con que agravan después sobre manera ta causa del desdichado. Oida la respuesta a tales act^eso- rios, repiten la antigua ainoncstaziun.valiendo- 25 se, ya de halagos , ya * de amenazas , esortán- dole a (¡UH espontáneamente diga la verdad, te- niendo por cierto , que ellos nunca mandan prender a nadie sin justa causa i sufizicntes pruebas,! con esto, oconfeso, o de otra suerte, le remiten a la cárzel.
En e^as tres primeras audienzius suelen mu- clios , bien sea atraídos por la esperanza de las promesas de que. con Lodo estudio, los colman, lie dejiírlos ir a su casa en cuanto confiesen lo que se les pregunte: o, ya sobrecojidos, del ex- Iraurdinario temor que por las terribles ame- nazas concibieron; declarar muchas cosas ente- ramente ocultas a loa inquisidores, por nu ha- berlos nadie basta cntonzes acusado de ellas , creyéndose descubiertos por aquellos con <|uie-
!2r>
nes azerca de las mismas cosas trataron alguiüi vez. De esa manera, mientras por imprudeuzia propalan lo suyo , envuelven también en su ca- lamidad a otros, que quizá nada de eso temian, de quienes nada hasta entonzes sabían los pa- dres: especialmente, cuando llegan ya a enten- der que con esto han de agradar muchísimo a los santísimos padres , ansiosos de nuevas i)re- sas, cuya grazia, por cualquier medio que sea, con tal de librarse ellos mismos de aquella ca- lamidad , procuran merezer. Asi es, que mu- chas vezes , los mismos encarzelados , por leví - simas causas * presos en un prinzipio, se pier- 2 i den a si i a otros muchos,por fiarse de las falsas promesas i halagos de los inquisidores , i por ignorar asi la conducta que deben observar en sus negozios , como el concepto en que deben tener a aquellos padres , esto es , no en el de padres (según quieren ellos llamarse para escar- nio de toda humanidad i piedad) sino en el de cruelísimos enemigos, que con astuzia, engaños, mentiras i fraudes de todo jénero, azechan a la vida i a los bienes, así de los culpados como de los inocentes. Contra todos estos lazos > solo queda un remedio , a saber, que el que por su Hado, esto es, por la Providencia de Dios, caye-
21
re en sus rnaaos, ert primer lugar, nádale» crear- mmqne le prometan grandes cosas , nada lema, aunque le conminen con las mayores penas, te- niendo siempre delante de tos ojos, d temor i el amor ile Aquel, que después de matar el cuerpo tiene poder para mandar el alma a ta gehenna. Este, que tiene exactamente contados , todos nueslros cabellos , no permitirá, que ninguno caiga al suelo, contra su voluntad, exsdente sin duda para los suyos. En segundo lugar; refrene sulengtM, con grandísima constaniia, hasta sa- ber suacusaiion i la deposiiion de los testigos a que tiene qué responder, según d orden naturat' del derecho. Después, en )a cuarta audienzia se le eiije de 25 nuevo * al reo un juramento, añadiendo graví- simas deprecaciones, paraque espontaneamente- declare lo que supiere ; de lo contrario , ge le- tratará conforme a derecho, intentando el fiscal h ;inisazion contra <■! , etc. Si él , constante, alii-ma, aun , qui; nada mas tiene que declarar, le Jiiitílican por último la acusazion, por escri- to, poro llena de muchos i supuestos cargos , sohrc cosas, que ni al mismo reo se le ocurrie- ron nunca , ni le delató jamás oadi« , de ellas , aula los inquisidores : porque es una arte in-
25 quisitoria, propia i lejitima de los santos padres "de la fé, el forjar de su cosecha estos cargos, o -mas bien delitos,prinzipalmentc con estos fines: primero, para dejar atónito al infeliz, abrumán- dole con la multitud i gravedad de los crímenes forjados, i paraque , fuera de sí, no sepa donde está, ni a donde volverse , ni que responder : i después , para ver si tal vez el acusado admite alguno de los crímenes que se le atribuyen , o a lo menos, si azerca de alguno de ellos, pueden trabar con él unas palabras, por donde puedan iraerle ala red. ¿Es esto, acaso, imitar eljuizio de Dios , cuya causa se jactan de defender los padres de la fé , ante el vulgo miserablemente ignorante , sobre todo , en * el umbral mismo 26 del espectáculo i del triunfo en que presentan a los inocentes que han de entregar luego a los suplizios, cantando con grandísima impudenzia i manifiesta irrisión , «levántate. Dios, juzga tu «ausa»? ¿Enjendra , acaso , estas artes , la fé , cuyos padies quieren llamarse? ¿Las enseñaron por ventura, los verdaderos padres de la fé o las usaronalguna vez? ¿Son estos, los medios propios de reduziral camino, al que imprudente se apar- tare de la fé, i déla palabra de Dios; de enseñar al ignorante , de correjír al que en fuerza de la
»w
26
Immana comlizion delinquiere? ¿Oson, masbien lazos (leSatancís que con frecuenzia usaron siem- pre los hombres calumniadores i diabólicos , ocultamente tendidos para armar zancándilla * al pobre, o estorbos capziosos i con maligna ar- te dispuestos, de intento , paraque tropieze en ellos i al íin se estrelle, el que incauto, i miran- do por su vida, según la común senzillez , me- nos de lo que debiera , pasare por allí ? Pues ¿quién creerá que los santos padres se entretie- nen en armar semejantes lazos? Pero, algún dia manifestará el tribunal de Cristo, de aquel in- quisidor verdaderamente católico, cuántos des- dichados cayeron en estos lazos, i perdieron en ellos sus cuerpos, i quizá sus almas, por indus- tria i manejo detestable de estos artíñzes de iniquidad i violenzia. 27 *Los primeros de aquellos cargos suelen ser comunes a casi todos los que a tal conflicto llegan en este santo tribunal. He aquí los tér- minos eu que están conzebidos. Que habiendo sido bautizado , i dádose por hijo de la iglesia Romana, desertando de su profesión, se pasó a la secta luterana, admitiendo i rezibiendo los
* El orij. dize— ad supplantandum,— i el trad. había puesto- suplaníar,— latinizando la azepcion de la voz.
27
-errores de esla herejia : i no contento con ser hereje, hizo a otros también herejes, enseñando i dogmatizando, etc. Por este estilo , añaden muchas palabras hinchadas i campanudas, para infundir terror a los simples. A este primer cargo siguen otros varios a vezes de mayor ,• a vezes de menor peso , entre los cuales, de pro- pósito injieren aquello de que fue delatado el reo , o la sospecha que de él conzibió alguno, i ésta> nó como sospecha , sino como hecho afir- mado i atestiguado, pues cu este santísimo tri- hunal , todo lo que conviene es lízito.
Responde entonzes el acusado uno por uno, a los cargos que se le oponen, o confesando o ne- gando según mejor le viene, i dictando él nota un escribano sus palabras. Rezibida * esta repentina 28 impensada , i no mui exacta confesión, le ofre- zen papel i tinta , paraque pueda , si quiere , responder por escrito. Su designio en esto es hazer ver, quenada omiten , paraque pueda el reo mas cómoda i ampliamente demostrar i de- fender su inocencia : pero bajo ese pretestq es- pezioso , se oculta una arte Inquisitoria , i con- siste, en'que,' rezibida ya por ellos de boca del reo una confesión oral e improvisada , quieren añada otra, con mas cuidado i dilijenzia com-
28
puesta, en que sea fazil hallar alguna diferenzia (1c la primera, la cual, por cierto, ni tiene de- lante, ni puede acordarse de todas las palabras que, o dijo en ella, o se le escaparon , conster- nado prinzipalmente por el miedo. Sí esto no , ([ue añada al menos mucho o dlgq a la prime- ra. Pues les conviene tener de donde sacar con su peculiar dialéctica , las contradicziones que desean, i un nuevo i limado escrito del reo, presta mas amplia materia, a nuevas calumnias. El que quiera saludable i prudentemente ocur- rir a esta treta , no responderá allí nada de repente , i sin premeditazion: sino que , mas mudo que un pez , para cualquier otra cosa ,
pedirá en suzintas i contadas palabras « que le 20 den una copia de la acusazion , tinta * i papel , i tiempo además , para poder responder con despazio i madura deliberazion a los cargos que se le hazen. I como ellos , sin duda , no se darán por satisfechos con esta respuesta , i se empeñarán en obtener las dos , para los fines
que dijimos ; convendrá , que el que haya de responder , esté mui sobre si , i eluda con tan lacónica respuesta , sus conatos: i aun cuando le pregunten i sonsaquen , i se valgsm ya de su gravedad, ya de su perversidad inquisitoria, no
29
se deje arrancar de aquella breTisima i cortada respuesta. Aunque estos padres solizitadores desean con i^ehemenzia la contestazion improvi- sada , que dijimos , aprezian con todo sobre manera la escrita , prinzi pálmente de los hom- bres de letras , los cuales , por una casi cons- tante esperiencia saben , que son de tal natura- leza , que mientras se esfuerzan en defender o interpretar, a su manera, uno que otro error , a Tczcs no de grande entidad , suelen añadir otros varios, o al menos , mientras sacan mu- chas cosas de. su caudal literario, suministran también a los hombres capziosos , mucha ma- teria para calumniar. I asi suzede i amenudo, que tales doctos varones, cayendo primero en aquel abismo, aun por levísimas causas, abru- mados después * con muchos i gravisimos car- 50 gos , salieron de alli , o para la hoguera , o para la pompa triunfal , poco mas tolerable , teniendo luego que pasar el resto de su vida en las perpetuas tinieblas de la vergüenza , como pudiéramos comprobar con muchos ejemplos, si no rezelasemos tejer de comentarios , la ver- dadera historia de las artes inquisitoriales. En aquel lugar, pues, será cuerdo, a tiempo, el que con madura deliberazion suzinta i resueltamen-
E
te respondiere , acoDsejándose de la prudenzia cristiana, que ni daña la conzienzia terjiversan- do o menoscabando la verdad, ni con una res- puesta, larga en demasía, da a los adversarios asa, para armarse de nuevos lazos , que es lo que sin duda buscan ellos en la respuesta escri- ta. Convendrá también, al que baya de respon- der, confirmar, si puede sus dichos, coa los cáno- nes de ellos mismos, o con los que llaman teólo- gos sentenúarios. Pues entonzes ni perderá de suyo nada la verdad, ni la contestazion quedará tan fazilmente espuesta a las calumnias, defen- didaauncon las armas de loscontrarios. Cuando alguno les declara de palabra, o por escrito algo, para ellos abiertamente herético, suelen habér- selas de este modo. De aquella propoñzion de- 31 duzen ellos otras , en buena ' o mala conse- cuenzia ; i con cada una en particular , le gra- van , como si , en particular , las hubiese afir- mado o enseñado, aunque el reo nunca las haya proferido, ni las conzeda , ni aun las entienda. Para aclarar mas esto con un ejemplo , presen- taremos uno , que snzedió pocos afios haze en Sevilla : pues no se nezesitan ejemplos supues- tos en una cosa , practicada casi todos los dias en aquel santo tribunal , con gran detrimento
31 prlniípalmente de los senzillos i rudos. Pre- sentóse a la Inquisizion de Seyilla uno , a quien habían citado , por haber dicho en un corro de amigos Íntimos, que fuera de la sangre de Cris- to, que diariamente lava i purga a los suyos de sus pecados, no recenozia otro purgatorio. Era el tal un hombre senzillo , dedicado continua- mente al campo, i en fin sin otra mas culta ins- truczion. Quizá él una vez habia oido aque- llo a alguno de sus allegados , i no le habia disgustado. Hallándose ante los padres de la fé , confiesa que, en efecto, fué de aquella opinión , pero supuesto que sus reverencias no la aprueban , que él de grado la rovoca. Mas ¿ qué te áproTechó , miserable , esta tan preci- pitada i repentina palinodia ? Cuando confesas- te el hecho, los inzitaste : callando los hubieses instigado , sinzerandote , en fin, habrías perdi- do el tiempo. No * bastó esto a los señores in- 52 quisidores , tenían aun que buscar un nudo en el junco , (a) sin duda paraque los órganos in- quisitorios no se corrompiesen enmoheziéndo- se por un dilatado ózío. De aquella premisa de- duzen en daño del infeliz labrador: «luego la
a buscar dificultades donde no las liai. Prov. lat.
32
iglesia Romana , que , de antiguo , decretó lo contrario en sus leyes , yerra. Yerra también el concilio. ítem mas: «la justificación, solo con- siste en la fé , en virtud de la cual queda el hombre libre de culpa i de pena » i , para aca- bar de una vez, de aquí deduzen todo el enca- denamiento de aquellos dogmas que ellos llaman herejías , i con cada uno de esos dogmas abru. man al doblemente desdichado , como si con palabras espresas los hubiese afirmado ; aun cuando porfiadamente reclame i asegure que no sabe a la verdad lo que aquello quiere dezir , i que , mucho menos , pudo nunca ocurrírsele. ¿Quién no vé cuan lleno está este modo de pro- zeder de fraude i engaño i de calumnia mani- fiestamente diabólica , en cuanto atañe a aquel santo ofizio? Pero débese aquí contemplar i ado- rar sobre todo la divina Providenzia, para con sus escojidos, a quienes, cuando están privados de otros medios mas conduzentes a su propia vocazion i enseñanza , llama por este mismo , tan contrario, que no lo es mas el agua al fue- go , los enseña i los ilumina. Pues los inquisi- 33 dores que * se declaran estirpadores de la fé i de la misma verdad, esos mismos , repito , son de la manera que dijimos , los predicadores ^
55
doctores ¡propagadores de tal verdad. Asi apa- reze de los clarísimos ejemplos de muchos, que en sus manos cayeron , ignorando varias cosas a su propia salud pertenezientes, tan solo, a la verdad, porque sin fundamento, mas bien que con premeditado consejo, charlaron que no ha- bía Purgatorio, o cosa semejante ; quienes sin
embargo , por las preguntas , consecuenzias , inducziones mas o menos lejítimas de los mis- mos inquisidores , salieron notablemente ense- ñados ; de lo cual , el rústico de que ahora ha- blamos, puede ser ejemplo manifiesto.
Suelen también entonzes (esto es, cuando ya el reo les concedió algo ) tender un nuevo lazo harto peligroso. Pregúntanle de quien aprendió aquello, sea lo que fuere , a quien se lo oyó, o si acaso lo leyó, en que libro? Ademas , si de- partió con otros sobre el asunto , o ensefió a otros, o habló de cualquier modo sobre lo mis- mo delante de otros? En dónde. Anle quienes : piles iodos los que lo oyeron , aun contra su vo- luntady por no haber delatado inmediatamente al autor ^ a los inquisidores.aunque sean sus pa- dres, o estén ligados con el mas estrecho vínculo de la naturaleza, corren gran riesgo i vienen a ser presa * no dudosa de los Inquisidores, Todo 34
u
esto cunviene saber, pura(|ac cada uno iwr íeí i voluntad divina esté de antemano prevenido i enseiiado azerca de lo que a semejantes pregun- tas debe responder , para no |>erderse a si i a oíros inozentcs , con BU imprudenzia, si acaso le acontezicru , por disposizion de Dios , caer en estos lazos.
Entablada por fin la acusazton , si et reo es aun pupilo (al cual llaman menor de edad) en esta misma audienzia le proveen de patrono (procurador o curador suelen llamarle.) Piado- so inLento a la verdad , si para lat ofizio se es- cojiera uno , que esforzadamente i según eii^ el cargo, desempeñase su parte. Pero éste , no- es el que pide el pupilo , »el que mas le con- vendría para mirar mejor por su causa ; sino el que ellos escojen, que, o ea un lobo, que en con- tra de la ovejuela se agrega de refresco a los demás, o que al menos no haze otra cosa que llevar por insulsa ceremonia el nombre de Pa- trono, por cuyo medio solo , cumple con el de- recha. Por lo común , desempeña este ofizio el ])oi'ti'L'o de la Inquisizion , i en su defecto , cualquier otro fámulo de esta oGzina : por que. fuera de representar la pecsona i nom- bre de curador , comonada tiene que hazer en
55
SQ ofizio , bien puede a la verdad , el curador de * la muía del seüor Inquisidor, hazer de cu> rador, sin ningún * trabajo, de todos los presos 55 de la carzel a un mismo tiempo: ademas el por- tero, no por eso, dejará de responder, a tiempo, a todos los que llamen a la puerta. Sin duda asi observan las leyes divinas i humanas aquellos santos padres para con los pupilos , tan reco- mendados por la lei de Dios i por la misma humanidad a todos los hombres , i en particu- lar a los juezes.
Ñiparan, en este punto de irrisúm del dere- cho. Pues por el mismo tenor cumplen con otra parte no menos importante del derecho i déla equidad, a saber, la d& proveer a todos los reos de abogado jurisperito, que dirija prudentemen* te su causa i su derecho, según la norma délas leyes i de la equidad misma; que defienda su ino^ zenzia si la tieíien; i si no, que mitigue al menos la justizia,para que no dejenere en una suma in- juslizia: a estaparte, digo, del derecho, tan im* portante, i que parezia quedar por único refujio a los miserables aflijidos, satis fazen, solo con la
* El oriuoal— «curador mulcB domini inquisitorist — e. d. su mozo de caballos, o el que le cuida la muía ; pero el traductor deja ahí el juego del vocablo latino.
36
misma ineficaz (a) ceremonia que antes, al dar curador a los pupilos: si ya no es, que como la cosa es gravísima, procuran ademas, con algún espezioso prelesio, encubrir aquí, la impiedad i el desprezio de las leyes , i aparezer algo mas humanos. Nombran al reo, tres o cuatro de los mas célebres jurisperitos, para que, a su gusto, escoja uno que defienda su causa. I no satis fe- chos con tanta benignidad, le acons^an (sin dur da con animo paternal) que elija al que eüos tie- 56 nen por mas docto. * ¿Qué hai que desear aquí ? Pero se guardará el abogado elejido, quien quiera o cualquiera * que sea , de advertir al reo, de cuya defensa se encargó, punto alguno del derecho « que pueda en cierto modo aliviar su causa. Pues sabe, que si por algún medio lo llegaren a averiguar los inquisidores , no que- dará impune : supuesto que, en realidad, no se le provee aqui al reo de abogado , paraque ten- ga un defensor su causa , (i por eso no pueden el abogado i el reo comunicarse o tratar juntos secretamente alguna cosa , sino en presenzia de los señores inquisidores i del escribano) , sino
a El traductor puso, fria: porque en latín dezia frígida . * Lat. — quicumque aut qualiscunque.
7^7 mas bien , paraque el vulgo crea , que ellos cuando obran contra todo derecho divino i hu- mano ; obran jurídicamente , i usan de la equi- dad , que a tales padres corresponde. ¿A (|ué pues el abogado? rezibe (según luego diremos) del reo, la ruda i mal pe rjeñada respuesta, a la acusazion , i trasladándola al estilo forense (a vezes aun adulterada), la reduze a orden jurídi- co. Entretanto conserva todavía el nombre de abogado , paraque los señores inquisidores elu- dan el derecho. Prosigamos.
Al terzer día pues de rezibir el reo una copia de su acusazion, le citan * al tribunal: allí está 57 ya pronto su abogado, como quien ha de apartar denodadamente del que va a rezibir luego bajo su tutela , todos los dardos de la iniquidad. Ta el inquisidor , como dispensando al reo un su- mo benefízio, i eximiéndose enteramente de esa parte del derecho , apuntando con el dedo , muestra al reo su abogado : después , con su sólita perversidad , le canta la acostumbrada cantinela , a saber , que diga la verdad , que consulte i atienda seriamente a su conzienzia, i que esponga , si tiene algo mas que esponer. Mientras , nuestro abogado se sienta, o está de pie , muí atento, como si fuese^ de palo. Porque
\
58
si algo tiunc que dezir, no puede manifestarlo, RÍno consultando antes al inquisidor , i mirán- dose uno a otro atentamente , mientras habla. Pues rezela el inquisidor que el abogada por su liabladnria , * o por sü imprudenzia , charle alguna co?a, con que advertido el reo de su de- recho, se enreden los hilos, astutamente encu- biertos para su captura. El abogado por el con- trario horrorizándose del peligro , se sobrecoje (le temblor, no sea que, por imprudenzia, se le escape alguna palabra , que ofenda at seftor in- quisidor. El abogado admitido por el reo , solo dize con seguridad en alivio de su defeodido , 8 que tenga buen ánimo , i que * declare sobre todo la verdad , pues solo eso vale , * en aquel sanio tribunal. Que, por su parte nada omitirá de lo que en él consista ele. Entona , después . el luquisidor la misma cantinela, i con esto, se lemite al reo a su sepulcro.
De todos modos , después de esta audienzia , empieza a animarse el reo , persuadido de que su negozio toca ya al término. Pero suzede muí
' o.— ¡fornalidad ; pues el Fol. asi— ^rmUtale.
' Donde si: habla Dincho do salud , allí bai peale, DoihIc so liiibla murhD de lerdud, alU lolo hai niíDlira jeDenJnienlc.
i
59 de otra manera: Pues a algunos , euli egados a un largo olvido, se les suele dejar en la cárzel , como para ablandarlos i curtirlos en la cal i tinaja de los curtidores, por espazio de un año, o de ano i medio, o también tres o cuatro afios enteros , según el arbitrio de los padres de la fé , i en todo ese tiempo , ni los llaman , ni se trata seriamente de despachar su negozío. Si alguna vez aburridos los reos por el tedio del largo enzierro i laceria intolerable , piden au- díenzía ; a unos se la conzeden , para otros se hazen los sordos , pero al fin, es igual su suer- te. Pues a los que al cabo de muchas instanzias se les eonzedió; mandándoles entrar en el cón- clave , les preguntan , con tal aire i tono , que bien dan a entender no cuidarse absolutamente de ellos , lo que * seria propio preguntar a los 39 mas dichosos, a saber: ¿Qué se les ofreze? A es- to dize el reo: que se trate de su negozio , i se resuelva por fin. Contestan ellos, que con todo cuidado i dilijencia , están sobre el asunto , i que no piense le tienen olvidado. Que si de ve- ras desea el término de su negozio , piense ya en declarar la verdad; ¿a qué descuidar tanto su conzienzia? etc. Asi, echando la culpa al infeliz, que aun para la hoguera saldría de buena ga-
40
na, le remiten a su calabozo. Auaque después , le conzeden mas a menú Jo audienzia en que suplicar lo mismo , también ellos le responden lo mismo, hasta que, al fin, les pareze que está en sazón de comunicarle ya los dichos de los testigos contra él: a esto llaman publicazion d» testigos.
PUBLICAZION DE TESTIGOS.
liuanJo a juizio de los padres está, pues, ya el triste encarzebdo , ])or la larga i en cstremo inmunda prisión , tan decaído de ánimo , que les pareze que aun con el mismo suplizio com- 40 praria *de buena gana la salida, i que ha de de- clarar,por lo tanto mas de lo que le pregimten , llamándole a la audienzia i con una estudiada ai'enga , entre reprensión i blanda amonesta- ción, le preguntan: ¿qué cosa, le haze estar tan olvidado de su negozio? que descubra ya la ver- dad: i a esto, añaden muchas exortaziones, con- forme a las cuales, en la misma o en la siguien- te niidiciizia, entablando el fiscal su aczion. pi- di', ([ue se haga publicazion de testigos , i con- zedido esto en el acto , le presentan al reo las
41 deposiziones de los testigos pero suprimiendo sus nombres. El orden i estilo de estas deposi- ziones , demuestra bastante , cuánto desea el santo tribunal , que se descubra por fin la ver- dad. Porque » de tal manera se lee todo , esto es , con tantas dificultades i rodeos , torzido i desfigurado, i con palabras tan ambiguas i du- dosas ; que cualquier cosa puede parezer me- jor, que dicbos de hombres que usan de su ra- zón. Se haze asi , de intento , por artiOzio del santo tribunal, primero , paradejíir siempre al reo en incertidumbre i duda , aun azerca de aquello mismo que sabe ya depusieron contra él. Además, con el fin, de que, en cuanto pue- da ser, de ningún modo conozca a aquellos cu- yos testimonios en contra suya se leen , para que no se defienda, oponiendo escepciones con- tra sus personas. * Finalmente, en terzer lugar, 41 paraque si hubiese hablado con otros, que con sus delatores , azerca de lo mismo de que sabe le delataron, i procurare, ignorando completa- mente quien le delató , envolver al delatante , descubra quizá a todos , i venga por fin de ese modo a arrastrar mas pezes a aquella red bar- redera del santo tribunal. De buena gana rogariamos aquí a los padres
42
(le la fé, que nos dijesen (ya que tan versados son por lo regular en el derecho), cómo es, que siendo de derecho común , la publicazion de testigos, integra se entiende, i hecha de buena fé ; no tiene lugar alguno en su santo tribunal, ni tampoco la reconoze su derecho , sino a me- dias i zerzenada en su mejor parte, esto es, su- primidos los nombres de los testigos : i, ni aun la que queda, se lee integra i con buena fé, si- no con mala, o aun pésima fé , como luego di- remos. Ademas, si la escepzion contra las per- sonas de los testigos no solo es de derecho , si- no también mui nezesaria paraque la inozen- zia de los buenos, no esté por todos lados abier- ta a las calumnias de los malos (pues,con razón, escluye el derecho , de atestiguar en el foro , aun en los negozios civiles de no gran impor- tancia , a los enemigos , mentirosos , infames , simples o locos , borrachos , infieles , siervos i 42 semejante linaje de hombres) *¿porqué, en aquel santísimo Foro no le dejan lugar alguno? ¿Quién habilitó a todo ese hnaje de hombres nulos , para atesliguar en las causas de fé, entre todas, las mas graves , i paraque se rcziba su testi- monio, i valga, aun para condenar a muerte al reo , cuando , según todo derecho , son tan in-
43 hábiles, que, por solo su testimonio, a uadie se condena en las otras causas, aunque lo den so- bre la menor de las que se controvierten? Dirán quizá : «negamos que no haya aquí lugar a la escepzion contra las personas , puesto que el reo por algún medio , o conjetura , puede des- cubrir quién atestiguó contra él. Luego cuando suzede , que al tal testigo , descubierto por las conjeturas del reo, le dan ellos mismos por nu- lo, i le escluyen por lo tanto del foro, injurian en gran manera a uno i a otro , o al menos , a uno de ellos. Al testigo , en verdad , echándole del foro^ si es que con razón suprimieron antes su nombre , porque no le descubriese el reo : o , sin duda , al mismo reo , ocultándole con tanto empeño el nombre de ese testigo , si es que admiten por fin sus escepziones , con tal que por alguna sutil conjetura , o por otro cualquier medio le conozca , i tenga por donde oponer sufízientemente escepziones * contra él. 45 Esto a la verdad , en todos los juizios en que queden algunas semillas de equidad, es una in- juria atroz e imperdonable. Pero, volvamos a las artes inquisitorias.
Asi que, las deposiziones de los te:tigos in- dican bastante en su orden , frase i método , sí
44
pasaron por la ofízína de la santidad , o por la de la malizia , fraude i calumnia. Pues es mas (¡ue cierto que por lo común, no solo no se leen delante del reo, tales, cuales las depusieran los testigos; sino que, si acaso dijo algo el testigo que sea o pueda convertirse en favor del reo , lo desechan enteramente como inútil a su pro- pósito , admitiendo solo lo que sea en su daño, i aun esto vaziándolo de nuevo en sus piedras * con toda dilijenzia. Mas paraque eso se vea claramente , convendrá referir aqui el estilo que usan al ordenar semejantes deposiziones. Es el siguiente : «El testigo N. (suprimiendo , por supuesto , su nombre) jurado i ratificado etc. dize haber oido en tal lugar , en tal año , en tal mes i dia (si señaló también el dia) delan- te de tales personas que nombró, a cierta per- sona, que nombró , que el dicho N. (este es el acusado) dijo esto i esto etc.» En su ejemplar 44 orijinál * (que llaman prozeso orijinál) tienen ellos espresas todas estas circunstancias , que seguramente exijen de los testigos para la ma- yor confianza del reo : pero en el traslado que al mismo entregan , suprimiendo fraudulenta-
* 0:— aDlicailas dilijentcmente sus aguzaderas — Or. aá ipsO'
tum coles ailigenlpr applicnlo.
45
mente todas esas circunstanzias de tiempo i personas, por cuya observazion hubiera podido el reo descubrir al delator o al testigo, las lle- nan con estas palabras «un cierto sujeto i otro sujeto i otro terzer sujeto.» En esta espezie de deposizion hai sobre todo que observar execra- bles sutilezas , a saber , cuando dizen , que lo oyó de cierta persona » que nombró ; debe en- tenderse, que el mismo reo es, de quien lo oyó el testigo , i que por arte inquisitoria se ba- ze , que en la copia entregada al reo , se escri- ba , como que lo oyó de otro , para que el reo , con sus conjeturas , no descubra al testigo : i paraque si acaso ( como arriba dijimos ) hubie- re hablado de aquello mismo con otros , que con el testigo, los nombre cuando en su incerti- dumbre se le obliga a adivinar quién le hirió. Si entonzes nombra a algunos de quienes antes nada hubiere sabido el santo tribunal , inme- diatamente los proscriben i los cuentan entre los fautores de los herejes . por no haber dela- tado , al punto , a un hereje que tan pestilen- tes errores vomitó delante de ellos. * Pero si en 45 la deposizion del testigo se lee «que lo oyó de cierta OTRA persona , que nombró , etc.» en- tienda^entonzes, el delatado, que este testigo es
F
46
realmente de oidas , según su testimonio , por lo cual no tiene fuerza alguna para disputar con otro, aunque valga mas de lo sufíziente para aumentar la sospecha de él conzebida. La dife- renzia entre estas dos fórmulas de deposi2Ío- nes consiste , solo , en que en la segunda , se añade esta voz OTRA que no está en la pri- mera , que solo dize , «haberlo oído de cierta persona», etc. Esto perteneze, a aquel libro de los secretos misterios de la * madre Ceres. Con esta capziosa i fraudulenta sofistería , engañan los señores Inquisidores , a los infelizes , que ignoran sus artes , tranquilos i seguros en su conzienzia, porque de ningún modo mintieron. Lamentable es , sin duda , que los infelizes i muchas vezes inozentes, a quienes nunca ** res- petan aquellos astutos cazadores , se vean de este modo , por ignorar las artes inquisitorias, tan inhumanamente enredados. En todo caso , sin embargo , podrá servirles este nuestro con- sejo : i asi , para mejor descubrir estas artes i eludirlas , si puede ser , procurará primera- mente el acusado , con todo estudio , no profe-
* El oríj. «EleusinsQ matris.»
** El orij. 'inunquam ab astulis istis accuj^ihus ohservatis»* Oscuro , i errado.
47 rir'ffn esta audienzia palabra alguna , para re- falar los dichos * de los testigos (ya fueren fal- 46 sos o calumniosos), aunque para hazerlo de re- pente se crea mui dispuesto : o los mismos In- quisidores , con su acostumbrada perversidad , se empeñen en arrancarle una confutazion im- provisada. Pida , antes bien , que se le dé , solo una copia , de los testimonios , para responder a ellos por escrito ,'i con despazio i madura de- liberazion , en la audienzia siguiente , o cuanto antes pudiere : i en esta respuesta observará , sin duda , todo lo que azerca de la acusazion £scál arriba le aconsejamos. En segundo lugar, rezibida la copia de los testimonios , notará con toda dilijenzia (pues en cuanto a ésto ni en su abogado ceremonial , ni mucbo menos en los mismos señores juezes debe * fiar esperanza al- guna sería) cuáles testigos están contestes , cuá- les no : porque los contestes en una misma co- sa ; bastan para condenarle , en aquello sobre que están conformes. Aun mas , dos testigos , de oidas tienen en este tribunal , a ninguna lei ligado » la fuerza de uno solo ocular : de donde resulta , que si a dos testigos , de oidas , se
Mejor quizá : debe esperar con algana seria esperanza : •iillam seriam sperare spem d^et**
añade uno solo ocular , puede el reo ser con- denado. Mereze también notarse , que un solo Guarda de la carzel Inquisitoria [llamado vul- garmente Alcaide) vale por dos testigos ocula- 7 res : * i así , su testimonio solo , azerca de lo que viere en la carzel , basta para condenar a! que él delatare. Suzede , de cuando en^uando, haber un solo testigo de alguna deposizion o acusazion : si éste es de oídas , causa al reo la * sentenzia de tormento si es que " el mismo reo no puede obtenerla contra aquél . Para evitar el lazo de aquella fórmula de deposizion , que arriba manifestamos , (si hubiese quedado en este tribunal , libre para ocasionar cualquier injuria , algún respeto o miramiento al lejiti- mo derecho) bastariale , al reo , para librarse, o al menos para sinzerarse , a juizio de todos los piadosos , el rechazar simple e injenuamen- te el testimonio que , de oidas , le levantaron , tuviese o no aquella palabrita OTRA , con que se justifican los señores Inquisidores de la men- tira i capziosa calumnia. Pues entonzes suze- ilirja , que SÍ era realmente de oídas , se daria |>or rechazado , i de ningún valor : pero , sí era
49 ocular , con su lejitima recusazion , se cortaría el lazo alli escondido , i se verían obligados los santos Padres a declarar , dejando todo artifí- zio , que aquel testimonio , era de un testigo ocular , i que requería por lo tanto mas esme- rada refutazion. Pero * ¿a dónde volvernos 48 aquí ? * Pues ellos , como que se ^sobreponen a todo derecho , o mas bien lo miran como bár- baros tiranos , sabiendo que aquel testimonio es de un testigo ocular , aparentarán que rezí- ben la escepzion del reo , que lo tiene por de oídas , i según convenga a su negozio resolve- rán después , creyendo entre tanto el reo ha- ber rechazado sufízientemente aquel testimonio i no temiendo ya nada por ese lado. Adivine
pues sagazmente , o mejor , ruegue a Dios que le releve lo que debe hazer en aquella perple- jidad.
Abrénse , además » espontáneamente las puer- tas en esta santo tribunal , a delatores de todo jénero i condizion , aunque sean locos i mente- catos , siervos, o inhábiles de cualquier modo, según el derecho , para deponer testimonios. Pues al cazador muí codizioso aun el perro mas
• Qu6 hic te verlas?
k.
50
cobarde i ruin le es gratísimo , cod UI qatr muestre la presa. 1 si al delator le rallaren ei' orden o las palabras al delatar a alguno , o bien ae le borraren de la memoria las que oyó al que delata , con tal que se acuerde de la sustanzia, los señores Inquisidores ofiztosamente ayudan su memoria , en términos, que mas de una vez el delator depone ante ellos , no lo que oyó o 50 io que * trataba de declarar , sino lo que ellos mismos le dictaron. Piadosamente se cree que eslo no siempre es lo mejor. Ofuscólos Dios sínembargo cuando , en Sevilla , el afio 1555 , cierta mujer loca , escapándose en ausenzía de sus guardadores de las cadenas , en que por ra- zón de su locura la tenian en casa de un piado- so sujeto , penetró hasta los mismos Inquisido- res en el alcázar de Triana para descubrir a to- da la Iglesia , que se ocultaba en los escondri- jos de aquella vastísima ciudad. Grande i rica presa , si Dios maravillosamente no hubiese apartado aquella tempestad de su Grei , enton- zes mui tierna , i no en sazón para los suplizios, i|ue no obstante padezió después , por la cod- Icsion de Cristo. Había sido esta mujer antes de su locura uno de los miembros prínzipales de ;«|uella Iglesia , si atendemos , no a su sexo-.
W
51 iñno a las muestras de su piedad i a su erudi- zion mas que femenil en las cosas sagradas , i por esa razón particular conozía familiarmente a todos los que con tanto riesgo se alistaran en las banderas de Cristo. Mas , en la locura, con- vertida su piedad i caridad primera para con la Iglesia , en un odio azerbísimo i furibundo , se ii?ritaba.de tal modo contra la Iglesia de los fíe- les , que * el tema perpetuo de su furor no era 51 otro » que los Inquisidores , las llamas, las ho- gueras , alborotándola sin duda el diablo , que en la locura de una infelizísima mujer , azecha- ba la ocasión , de destruir por sus cimientos aquella piísima Iglesia. Libre pues de sus pri- siones la mujer , aprisa i en derechura , dirije su camino al alcázar Inquisitorio : llama a sus puertas , que , según costumbre , se abrieron, al instante , a quien iba a delatar a la inozente turba. Entra , i pide se junten inmediatamente los padres. Reunense ellos al momento , como para un negozio de grande entidad , siéntanse en su cónclave , introduzen a la mujer , i<. la oyen. Ella , desde luego dize , que trae un lar- go catálogo de Luteranos de que está llena la ciudad , mientras ellos , que debieran velar con todo cuidado sobre tan malos acaezimientos, se
estaa sentados , i por el largo ozio i sueño en' torpezidoE. Empieza, después. a rezitar (le me- moria su catálogo , en el ijue hubiera delatado a mas de 300 , que con suma piedad profesaban el Evanjelio , si los mismos Inquisidores atóni- tos al prinzipio con aquel suzego , al parezer prodijio (pues hasta cntonzee Dada e mui poce se habia hablado de Luteranos) no la hubiesen oportunamente detenido , al observar algunos desvarios que en su locura mezclaba la mujer entre cosas por lo demás verdaderas. * Has poi- que no pareziese , que dejan de prestar sus ofi- zios en cosa no mui seria ; deteniendo allí a la mujer , mandan llamar al que en su casa la guardaba , quien , por el dolor de los azotes con que la castigó para reprimir su locura , quiso fuese el primero de los delatados. Lla- mábase Francisco de Zafra , * benefiziado en la Iglesia de de S. Vicente , cuyo busto , habién- dosele prendido después por causa de relijion , i escapádose milagrosamente de la carzel in- quisitoria ; fué quemado en el primer triunfo sübre los Luteranos. Llamado éste , a quien se-
^ ReiiDundo S. da MoDtei , ei nombre snnueslo : i Um- I , linde > Serrano , u de lá Sierra : eele latn , ei qoiiá
sr '^ dO
guramente tenían ellos entonzes por hombre de bien, le preguntan , qué era lo que aquella mu- jer había declarado , de tantos Luteranos ; etc. él, forzando al momentoi finjiendo la risa, em- pezó como a burlarse de ellos , por no haber eonozido la locura de la mujer : pues , hazia ya algunos meses , estaba loca rematada , en tér- minos de nezesitar de azotes i cadenas , como lo podían atestiguar sus amoratadas espaldas i sus rodillas , que conservaban aun las señales de las cadenas. I que teniéndola , por caridad, presa en su casa , habiéndose soltado de las pri- siones ; la buscaban él i los suyos por toda la ciudad , pero se alegraba muchísimo haberla hallado incólume. Mas , en cuanto a lo que di- ga de Luteranos ; [entendiesen] que esa era la perpetua manía de aquella loca , como * suelen ^^ los poseídos de locura , enfurezerse continua- mente , con alguna particular manía. Vayan a su casa , a ver las prisiones : pregunten tam- bién a los vezinos ; i hallarán que así es : que les ruega , manden a sus fámulos , prender a la mujer , i volverla a su prisión. Reclamando pues aquella , i aun llenando el alcázar de des- compasados gritos , afirmando que ella de nin- gún modo estaba loca , sino que él era un per-
54
verso Luterano , el mas pestilente de cuantos Luteranos había en la ciudad , que cargándola de hierro , la hería todos los dias con tantos azotes. Ellos , reventando de risa , mandan a sus fámulos prenderla , atarla i volverla a su prisión , alabando la piedad del sujeto , que tan molesto cuidado se tomaba , por amansar a una loca ; i amonestándole que en adelante la guar- dase mejor , no fuese que suelta de su prisión levantase de nuevo aquellos alborotos. Descui- dadas pues de esta manera sus artes i leyes ; perdieron , por esta vez , los señores Inquisi- dores en aquella ocasión » no del todo mal , la rica presa , de que se apoderaron dos o tres años después , madura ya , por cierto , la ven- dimia de aquella Iglesia. Volvamos ahora al asunto. 54 * Debe observarse además que en este santo - tribunal el actor no es el que delató o acusó a alguien , sino el Fiscal. Este rezibe por sí , las acusaziones , i haziendo dé actor , le sirve en lugar de testigo , el que acusó , muchas vezes , aun , solo. De esto , como de todo lo demás , no hai para que alegar testimonio alguno fuera del de ellos mismos : resta que cualquiera juz- gue con qué lei, o con qué derecho se obra así.
55
CONFUTAZIOISES DE TESTIGOS.
Al terzer , o cuarto dia , después de esto , mandan comparezer al reo , para que respon- da a los dichos de los testigos. Asiste también su abogado. No debe omitirse aquí , el que , siendo en los juizios rectos , oGzio del abogado^ notar dilijente , i juntamente con el reo a quien defiende , los dichos de los testigos , i según ellos , advertirle de los prinzi pales capítulos de su respuesta , i con su propia destreza , sobre
todo , idear la contestazion , ordenándola del modo que mas pueda favorezer a su causa * 55 (cuál será el ofizio del abogado si este no es ?) ; dejan al infeliz preso que discurra él solo , co- mo pueda , la respuesta , sin otra ayuda que la de Dios. Si preguntas , ¿porqué , también en esta parte » pervierte el santo tribunal aquella costumbre , que dimana sin duda del mismo derecho natural ? No tienen otra cosa que res- ponder , sino que este santo tribunal , no es como los otros tribunales : i asi es realmente : pues ^ nada servirian sus artes , si a los reos que en él comparezen les quedase integro i
5fi
l'ranco aquel medio de defensa . que las leyes todas les conzeden. Has cuando ya el preso res- pondió , Eegun pudo , entonzes por fin , opor- tunamente sin duda, le asiste su abogado. Este, delante de los mismos Inquisidores , con toda la circunsiieczion , i sabedor él mismo de que le es preziso acometer una muí arriesgada em- presa , no sea que tambieu él por falta de cau- tela caiga quizá en los lazos inquisitorios ; ín- dica a su defendido qué testimonios con mas fuerza le acosan . qué cargos contra él se com- prueban , cuáles testigos están contestes , cuá- les no : i le da a entender que solo le queda un remedio , a saber , el adivinar sagazmente por si mismo , quién le hirió , para meditar . si es 5g posible , algunas eszepziones contra él. * Ni conviene aquí que el abogado , sobre lo qne ja averiguó el mismo reo por las deposiziones exa- minadas en sus ratos de ozio , charle mucho , para avisarle quizá de alguna cosa , como por zelosia : solo le advierte que durante algunos dias (como a quien le sobra el tiempo] procure ropnsar en su memoria , si acaso tuvo enemis- !:id con alguien, que puede suzeder , que algu- ]i<> lie sus enemigos sea el que le delató. Porque si [luede constar la enemistad , mediante un
57
lejitimo examen ; esta sola eszepzion impide a cualquier jénero de hombres el atestiguar en aquel tribunal. Le advierte también , que pue- de negar los testimonios cuando entre si no fueren bastante conformes o fueren (según se dijo) de enemigos ; si prueba , con muchos tes- tigos , que mas bien tuvo por costumbre i ejer- zizio frecuente, lo contrario de aquello , que le echaron en cara; i que muchas vezes se opuso ' al negozio de que le acusaron. Ciertamente , este es el mayor auxilio que de su abogado puede esperar el reo ; i así le mandan volver a su prisión , conjurándole antes el señor inqui- sidor, según su costumbre, a que manifieste la verdad : amenazándole también , un poco mas desvergonzadamente , con que si no obedeze a tiempo , habrán de sacársela a la fuerza : ^ en 57 cuyas palabras oye el reo un no dudoso presa- jio de otro * examen mas severo.
Cumplidos pues los tres o cuatro dias que al reo se conzedieron para repasar en su memoria o mas bien^ para adivinar ; llamándole a la au- dienzia le preguntan si se acuerda de algo que esponer. Declare o no declare algo de nuevo ,
* En el orij. hai la errata de «exanimis» por examinis.
pregímlale el abogado, siazerca de los testigos <) delatores adivinó algo. Aquí el reo , sien cuanto a esto se acuerda de algo , lo espone . pidiendo, que vean si acaso sus delatores fue- ron tales o tales, entre quienes, i él, mediaron antes , i median en el dia, algunas diferenzias. Si no azertó , se pierde , además de la respues- ta, el trabajo de adivinar durante tres o cuatro días , i su acusazion queda en pie. Pero si le aconteziere el azertar ; el abogado, preguntán- dole de que eszcpziones podrá valerse contra las que nombró , no con sufiziente claridad le significa , que azcrLó ; puesto que bazerlo mas abiertamenLe no le es lizito. Asi que, espuestas las eszepziones i nombrados por el reo los tes- tigos para compraba rías, el abogado, como ha- llándose ya en un terreno mas libre, toma a su 58 cu¡daili> el hazer tales indagaziones. Suele * taiTibie» preguntar al reo el abogado , si para purificarsccompletamentc , podra probar , ha- ber sido amigo i familiar de frailes , haber ob- servado puntualmente los preceptos i ceremo- nias dula Iglesia Romana: haber usado con frecui-tuia de la confesión auricular i de la co- inunioii , üsto es , de la partízipazion del pan *
59 de la Misa: item mas , haber adorado las imá- jenes ilas cruzes , cuantas vezes las haya en- contrado , con aquella venerazion que pueda apartar de él la sospecha de herejía Luterana. En suma, si puede probar , en total , de si mis- mo, lo contrario de aquello de que le acusaron. Si se compromete a probar todo esto , el Inqui- sidor , en virtud de una solemne aczion del de- recho , declara , que le admite a probarlo en el término de nueve días , cuyo trabajo , nombra- dos por el reo los testigos , (según poco antes dijimos) corresponde todo al abogado. Este be- nefizio de purificarse no a todos se conzede , sino solo a aquellos de cuya criminalidad no fueren conformes , ni completamente seguros los testimonios. Pues , aquellos de cuyas dela- ziones hai testimonios conformes , no tienen amparo alguno en estas purifícaziones , solo se les admite a las eszepziones contra los testigos arriba dichas.
* Cuando el reo llegare a tal estado en sus 59 negozios , conviene se persuada , que Dios le trajo a la prueba de su verdadera pureza i fé. Pues, si por huir del presente peligro del cuer- po, pensare en buscar su defensa en las puriñ- caziones de ese jénero ; podrá acaso suzeder
60
que en cuanto al plan de la Iglesia Romana i de sus idolatrías perteneze , quede purificado en aquel santo tríbunál ; pero tenga por cierto ,
que otra cosa será en aquel tribunal de Dios pa- ra todas las criaturas respetable , i en el juizio de su verdadera Iglesia. Convendrá, pues , que el tal cautivo, una i muchas vezes, mire lo que haze i mui atentamente pruebe i examine en aquel lugar su ánimo i las * causas de su cau- tiverio. Pues si la gloria de Dios, i la confesión injénua de su verdad, son las causas de su cau- tiverio , cuando abjurado Cristo , i hollada la sangre de su testamento , i negada la luz de la verdad, a cuya comunicazion le condujo Dios ,
desde las tinieblas de la ignoranzia i del peca- do ; quisiere , maldiziendo i condenando estos designios, evitar la crueldad de los hombres ; se librará quizá (según dijimos) del tormento gQ que le amenaza , recobrando también * la gra- zia de los hombres: pero, tenga por cierto, que no se escapará del severo juizio de Dios, a cuya
verdad renunzió , i el cual , muerto el cuerpo , tiene después potestad para arrojar su alma a tinieblas perpetuas i vazias de todo consuelo.
* Nótese bien lo que dize aquí el Aulór.
61 Pero si algnn zelo le queda i)or la gloria de Dios i de su propia salvazion , i algún peso tie- ne para él , la autoridad de su Redentor que dize:=«al que me negare delante de los hom- bres, le negaré yo también delante de mi Padre celestial : pero al que me confesare delante de los hombres , le confesaré yo también delante de mi Padre celestial i de sus anjeles etc.» de esa sola autoridad, como de una sagrada i fir- me áncora, estará enteramente colgado en aque- lla hora , i renunziando con el corazón , i con la boca , a todos los medios de salud temporal, que el abogado i los mismos juezes le ofrezcan aquí , (como quien no puede asentir a ellos sin injuria de su criador i daño cierto de su alma) prestará una clara i manifiesta confesión de su fé, juzgándose mil vezes dichoso aquel, a quien Píos trajere a tal estremo , que por el nombre úe su Salvador Jesús , pueda padezer algunos trabajos en su terreno domizilio; esto es , en su cuerpo débil i caduco , quebrantado i derriba- do por tan feliz i tan ilustre causa. * Pues esos ^^ reprobados medios de salvazion, que aquel san- to tribunal de toda iniquidad, en esta audienzia suele ofrezer a los reos, con la misericordia sin duda del cocodrilo; de ningún modo es nuestro
G
62
ánimo referirlos aqui , para que con ellos pro- vean los piadoBOs a su salvazion ; sino antes bien para que los conozcan i detesten ; i para que sepa el orbe entero, cómo todos los desig- nios, esfueruM i planes de la sacrosanta iaqui- sizion , a un solo fin se enderezan , a saber , a prezipitar en una muerte eterna de cuerpo i de alma al que cojieren entre sus manos crueles, i siempre empapadas en la sangre de los hijos de Dios , si el tal hubiere renunciado a la luz divina : cuando no , del cuerpo solo , en el que únicamente tienen conzedida potestad de ensa- ñarse , respecto de los qne de veras temen a Dios. Permitiéndole al reo , después de esto , descansar en su calabozo algunos meses, a ar- bitrio de los padres, le llaman de nuevo al cer- tamen , i la dize primeramente ei inquisidor que los testigos que nombró para su puriñca- zion, ya fueron oídos , que vea por lo tanto si tiene aun algo que dezir en su favor, o si quie- re ya por &a concluir. Aflade después aquella BU importuna exfaortazion , de que diga la ver- dad , pues a ellos , nunca se les habrá dicho lo ^2 bastante. * A esto responde el preso , según conviniere al estado de sus cosas. Muchos sue- len ser, una i otra vez interrogados, por sumi-
65 uístrar cada palabra de las respuestas por ellos prestadas, argumentos sin térmiDo a tan sutiU- simos sofistas. * Concluyendo en fin el reo , concluye también el fiscal: i después los mismos inquisidores con sus consejeros 4 asesores , [ cuando les plaze i como les plaze , dan la sen-
^ tenzia , examinando antes los neólogos frailes i
clérigos, i reduziendo.a su censura , cuanto di- jere el reo perteneziente a la doctrina i a la fé. A esto llaman* Galificazion de doctrina. Allí, si el reo probó plenamente, en aqueUa su purífi- cazion , no baber tenido nunca comerzio algu- no con el Evanjelio de -Cristo , ( que , mudada enteramente la jenuina nomenclatura de las cosas, es lo que llaman herejías Luteranas) o le absuelven por entero , o según con mas fre- •cuenzia acaeze , mitigan o agravan el juizio , por razón déla sospecba que el rea dejó en sus ánimos, cuidando siempre , no obstante , de que nadie escape de sus manos , aunque en igual impiedad compitiere con ellos , que no * 63 atestigüe con eternos , i perpetuamente indele- bles cardenales , permanentes en su piel , ha- ber estado alguna vez en las ufias , mas que
* El orij . — argutíssímis cauillatoribus.
fi4
leoniaaB , de la santa Inquisizion. Las señales de esas uñas , son las coafiscaziones , las cárze* les perpetuas o temporales , el vestido amarillo adornado con la cruz roja , vulgarmente llama- do Sambenito i la infamia perpetua en fin para toda la descendencia , que ninguna edad ni tiempo pueda borrar : de estas cosas hablare- mos mas abajo en su lugar. Pero si el reo per- maneziere en la confesión constante de la fé , o negare constantemente los dichos de los testi- gos contestes contra si , do habiéndoles sin embarga opuesto eszepziones; le entregan a los tormentos de que ahora hablaremos.
LA SENTENZIA DE TORMENTO .
1 BU EJBCUZION.
l/ura a la verdad i , de ordinario , muí des- dichada fué siempre , desde un prinzipio ( be- nignísimo lector ) , la condizion de los pios • si se compara con la prosperidad de los impíos en esta vida; i , según las palabras de Cristo en San Juan , creen haier ana obra agradable a
65 ^ Dios, Igs que, por cualquier causa los mataren,
i los que ^maquinan, cada día, nuevos lazos para G4 enrredarlos, lo cual en parte dejamos sufiziente- mente comprobado. I aunque en las cosas hasta ahora referidas , hai tal iniquidad i tal fraude que con razón parezen intolerables a las jentes injénuas i que desean ser gobernadas con jus- tizia, regla i equidad ; no obstante, compara- das con las que en adelante hemos de contar, no solo aparezerán en todo caso tolerables , si- no también llenas de humanidad i de equidad. Puesexzeden a toda barbarie i aun a toda bestial ferozidad , i nadie con razón las atribuirá a otra naturaleza , por feroz que sea , sino a aquella misma , que al viyo representan i de la cual verdaderamente dimanan , esto es , a la del diablo , que ni en las cosas humanas , ni aun en todas las que es dado ver, iguala taa monstruoso i abiertamente diabólico ejempla de crueldad. Prezisoes ,pues , que el corazón humano se endurezca i deponga , un tanto , la ternura déla humanidad^ si quiere , conenju^ tos ojos , oir lo que sigue , cuando , azercándo- nos mas a esta ofízina de crueldad , donde se despedazan a miseros hombres , muchas vezes por levísimas causas , i muchísimas también , a
66
inozentes ; arrancando nosotros el velo de san- tidad con que , hasta aquí , tan perniziosamen- te engañó al mundo ; la espongamos , cual es, a la contemplazion de todos. *
Pronunziada pues la sentenziar , si el reo no ha de ser atormentado , ya no le citan hasta que sale con otros el dia de aquella pompa tea- tral (en que sacan a todos los presos , para que oigan sus sentenzias en público espectáculo , i 65 sufra * cada uno inmediatamente sus suplizios, de lo cual hablaremos en su lugal*) ; a nb ser, que le absuelvan de toda culpa , i le declaren inozente , pues entonzes aun , le guardan en la misma carzel hasta dos o tres dias después de aquella solemnidad , paraque parezca al vulgo, entre los otros reos salió éste también. Aun es- to se hazepor el santo artifízio de que no se crea, que ellos prenden a aílgüno prezipit adámente , i sin acusazion sufizienle , según muchas vezes suelen inculcárselo a los presos , mientras los exhortan a que declaren lo c(ue ellos desean. Para el Santo tribunal no hai injurias que lo sean , cuando se cometen contra sus cautivos. A algunos de estos , a quienes por ciertas i ocul-
* Hasta aquí en letra bastardilla el orijinal latía»;
67 las oausas determinaron favorezer , envían li- bres a su casa , dos o tres días antes de aquella pompa ; esparziendo entre el vulgo con el mis- mo fin , la Yoz , de que fueron acusados por falsos testigos : pero fazilmente advertirá el ar- ^ tifizio , el que ve que a ningún testigo falso se f le castiga por esta causa (cuando , por otras ,
suelen castigarlos severisimamente). Has , al
que decretaron atormentar , cuando él menos
lo piensa , 1» mandan llevar a la audienzia : allí
' los Inquisidores todos , o su mayor parte , se
constituyen en tribunal : asiste también el pas- I tor de la ovejuela que ha de ser luego desoHa-
I da , * esto es , el Provisor o Vicario , que por 65
su ofizio pastoral (como arriba dijimos) debe in- tervenir en la sentenzia , i en los tormento» : mismos.
I En esta audienzia ^dizen al reo , que toda su-
¡ causa está ya revisada i examinada , por aque-
r líos señores , i por sus consejeros , quienes ave-
riguaron como cosa cierta, que él no quiso ma- nifestar la verdad por entero: i que por lo tan- to, han decretado, darle cuestión de tormento, para sacarle a la fuerza la verdad : i asi una i
La numerazíoDy paj. 05 estü duplicada en el orginal.
68
mil vez«H le amonestan, que «legrado la espun- i
ga, si i|uieri- que no le entreguen al tormento. |
A esta ÍDltinazion acompaDan horribles comtní- '
naziones, palabras Irájicas , * muestras, en fin. .
en el semblante de gran severída.d. IteSérenle |
los jéneros de tormento , lo mas atrozmente '
que pueden, para infundirle sumo terror. Con- fiese o niegue el reo , alguna cosa, tiene, al fin, , que ir al tormento. 1 asi, llamando al alcaide , le mandan que lleve al reo a la sala del tormen- to. Suele ser esta , por lo regular , una bóveda subterránea i mui oscura , a la que se llega , (para que de ninguna parte puedan oírse los je- midos i alaridos de los que a!li atormentan . ) después de. pasadas muchas puertas. En ella se levanta un tribunal, en donde se sientan el In- 6 quisidor, * el Provisor , i el escribano *' a pre. senziar la anatomía del que alli introduzen. Enzendidas las luzes , i entradas las personas de la trajedia; el verdugo , que ya espera, den- tro, a todos los demás ; es , entre todos ellos , digno de que se le repare , i contemple. Está , todo cubierto con un traje negro de lino, largo
09 i cerrado hasta los pies, pegado , por iodos la- dos , al cuerpo , a manera de los que suelen usar, los que, por superstizion, se azotan el dia del jueves magno , o santo , en muchos , o casi todos , los lugares del papado. Tiene cubierta la cabeza, con una prolongada i negra capucha, con que se tapa toda la cara , dejando dos ven- tanillas para ver. Todo esto se dirije, a inspirar en el infeliz mayor terror de alma i cuerpo prin- zipalmente con esta imajen de diablo, por cuyas manos debe ser atormentado. O santas artes!
Sentados pues los señores en el tribunal , empiezan a amonestar al reo, con nuevas exhor- taziones, a que esponga de grado la verdad; de lo contrario, si en el tormento (cosa que a mu- chos suele suzeder) se le quebrare un brazo o algún miembro, o muriere; (pues no con mas blandura determinaron tratarle ) ; a él habrá de imputársele. Con esta sola amonestazion es- tán ya , a su juizio, los santos padres, * libres i 67 seguros en su conzienzia , delante de Dios i de los hombres; e inculpables en cualquier daño que al pazientele aconteziereen el tormento, aunque en él espire, inozente, i exento de toda culpa.
Entre fieras amenazas por una parte , i reprensiones por otra , mandanle , que se des-
I
w
jtoje (le BUS vestidos, aun cuando sea mojer , a alguna donzella lioaestisima, i castiairaa, de las cuales suelen tener muchas en aquella carnize- ria ; i para quienes , el verse desnudas delante de ellu3 , fué , por su pudor un tormento mas duro que aquellos mismos tormentos. Como quiera que s«a , aquellos impíos no teniendo respeto alguno a la humanidad , ni a ningu- na honestidad tampoco , ( aunque por otra cosa no fuera , que por razón de sus barbas i largas ropas , i de la santidad del nombre , que con- sigo llevan ; ya que ni por Dios , ni por la ho- nestidad de piadosas matronas i virjenes, creen deber ceder algo de aquella suma barbarie); las hazen despojar hasta de las mismas camisas, i , después de quitadas , las visten [ permítase el dicho ) , basta sus partes vergonzosas , unos estrechos calzoncillos de lienzo , les desnudan luego los brazos , hasta los hombros , como si los tormentos con que han de despedazarlas, no pudiesen penetrar la camisa , o lo que , tanto se avergüenzan de desnudar , hubiese de ocul- tarse mejor , con los calzonzillos , que con la misma camisa. Aqui manifiestan , que no i8 quieren perder aquel frivolo deleite , que * de tan feo espectáculo sacan , inmundos e im-
71 puros célibes , aunque les conste ser a costa del gran dolor i vergüenza de las castas muje- res , que allí son atormentadas. I , fuera bue- no entonzes , sabida ya i conozida por aqui , la cruel impudenzia de esos señores padres de la fé , que todo el poeblo , asi de los papistas , como de los no papistas , los esterminase del orbe entero , como un mal pestifero i común ; por cuanto sus mujeres o bijas , cuya honesti- dad i castidad deben estarles prinzipalmente recomendables , o cayeron en las manos impu- ras de aquellos , a están ya en ellas, o llegarán a estar acaso , alguna vez , i habrán de rezibir tan ignominiosa afrenta.
Mas, volviendo a nuestro propósito,despojado el reo de sus vestidos, sea hombre o mujer, i cu* biertas sus partes, solo con unos cortisimos cal- zonzillos y insinúan al verdugo el jénero de tor- mento que debe usar con el infeliz: porque , aun en esto también, tienen ellos cierto arte, i * un jénero peculiar de ciertos signos, i palabras , i lenguaje ; con que, tanto los juezes , como los verdugos, i demás ministros de aquella maldita
* El orij. diie — <et cermonis peculiari genere:»— etc. pero el traductor corrije , como, pareze, debiera deíir: a saber, «ser- monis pecuüare genus.» etc.
K
7'2
MÜziiia.su entienden entre bí. Los jénerosde tnr- inento, con que los padres de la Té acostumbra- ^^ ron enseñar su fé , son muchos, i un reo * solo, no puede saberlos todos. Pero, los mas usados, son : el de la garrucba o polea , el de las cuer- das, i el del agua i fuego : de cada uno de ellos hablaremos en su lugar.
Aquí otra vez con nuevos conjuros i eibor- taziones amonestan al reo a que declare de sí. i de otros conozidos suyos , lo que supiere , i entre estos conjuros , al que destinaron al tormento de ia garrucha le amarran a la espal- da las manos con un cierto número de vueltas , es dezir , hasta ocho o diez, rodeándole fuerte- mente el verdugo cada vez la cuerda a las ma- nos , por mandado del mismo inquisidor , para que se vea , que todo se haze prescribiéndolo el mismo derecho! guardando toda equidad.
A esta primera atadura al tormento , siguen nuevos conjuros, i durante ellos, además de la susodicha ligadura de las manos , se le atan ¡untos los dos pulgares , con otra cuerda mí» delgada , i esto fuertemente. Después atan es- lus dos cuerdas , es dezir , la de las manos i la lie los pulgares , a una maroma pendiente de la garrucha o polea. Hetenle luego en los pies.
73 «nos muí pesados grillos, si no los lleva ya el reo , i a estos » añaden por la primera vez , un peso de 25 libras, que cuelgue de los grillos en- tre los mismos pies. Ataviado el reo de esta mane- ra, se repiten las exhortaziones i conjuros* i en- 70 tre estas canziones , empieza , por obra del ver- dugo, a ser levantado en alto, acompañando los conjuros del escribano i del Inquisidor , la ma- niobra del verdugo. Guando el reo toca con la ca- beza la misma polea , 4e nuevo le amonestan , que declare etc. que inmediatamente le bajarán si obedezo: de lo contrario, permanezera allí un rato , hasta que manifieste lo que se le pregunta. Mas , después de estar asi colgado mucho tiempo , sin confesar nada , mandan bajarle , i añadirle en los pies , al primer peso otras tantas libras, i levantarle de nuevo en alto , amenazándole con que morirá dili , sino des- cubre lo que ellos desean saber de él, i man- dando al verdugo , que le tenga colgado en el aire mucho tiempo , para que con la gravedad del peso pendiente de los pies, se estiren sobre manera todos los miembros i articulaziones. Entre los clamores i jemidos que exhala el reo, por el atroz tormento de todos sus miembros , le vozean aun, alternativamente , a que manifíes-
74
le la verdad , de lo contrario le prezipitarán desde allí. I hazenlo , como lo dizen , * paes per- severando él constante , mandan al verdugo , que aflojando la cuerda le prezipite, i detenién- dola otra vez de repente en el aire , estorbe la 71 caida, con lo cual * todas las $ junturas del pa- ziente , asi de los brazos como de las piernas, se desatan con grandes dolores , separándose unos de otros los miembros , con el peso de los pies, por la suspensión repentina de la caida , estirándose todo el cuerpo , con mas fuerza i violenzia.
Ni se acaba aquí. Pues con nuevas exhortazio- nes i amenazas , si no obedeze , aumentan , por terzera vez , peso a los pies , i mandando le- vantarle en alto , ya medio muerto , añaden a los dolores las afrentas , llamándole muchas vezes perro , hereje . que con tamaña pertiná- zia oculta la verdad , i que allí ha de morir al fin. Mas , cuando invoca , el preso , a Cristo , en medio de los dolores , para que socorra , a
r
quien ya moribundo , por El , tan inhumana- mente atormentan , (como ciertamente hazen ,
* Literal— M no falta la obra a la amenaxa.*
§ O— coyunluras:— pero el orij. diM—junctur» omoes.
75
i cuantos son , por su yerdad , atormentados ] ;
' escarneziéndole con mofas i risotadas dízen :
«Jesucristo, Jesucristo: deja ahora a Jesucristo.i
manifiesta la yerdad. ¿A qué ínyocas a Cristo? *
I confiesa lo que preguntamos.» A la yerdad ,
bien se yé , cuan parezidas son estas blasfe-
^ mías a aquellas : «A Elias llama este , en Dios
confia , que le Ubre ahora , si quiere , pues dize , que es hijo de Dios. » * Ciertamente no 72 dejan aquí de dar los padres de la fé un claro testimonio , de que el mismo Cristo es a quien hazen la guerra , en esta controyersia , cuyo
^ nombre » inyocado por los que padezen por El,
tan odioso les es, tan molesto, i tan intolerable en fin, el oirlo.
Si alguna yez pide el paziente , que le bajen de allí, para declarar alguna cosa, i la declara ; acrezieata él mismo con el hecho, su tormento; pues entonzes * creen, que empieza a declarar, 4 asi, en acabando él de hablar, repiten ellos los preludios desús exhortaziones, amenazas, i aun del tormento mismo , mandando que le levan- ten de nuevo en alto , i de allí leprezipiten se- gunda yez, como arriba dijimos. Este tormento
* El org.— cQualem ioclamationem Cristi edis?» •• o: — «se oonsideni»;— etc. porque el orij. dize ;— «depro- mere ezistimatar.»
7()
se alarga, por io común , desde las nueve de la
mañana hasta las doze o la una.
Pero cuando les acomoda a los padres el ter- minarlo , preguntan simuladamente al mismo verdugo si tiene alli preparados los instrumentos de otros tormentos ; para aumentar nuevo ter- ror, al que dejaron medio -muerto los tormentos anteriores. Respondiendo el verdugo , que no los trajo, le mandan, que los prepare para el dia siguiente , i procure , que nada falte. Veamos , dizen, si de este, podemos arrancar la verdad. 73 I al mismo preso , * quebrantado en todo su cuerpo, le consuelan, al irse ya, con estas pala- bras. «Por ahora , basta. Sin embargo , de hoi a mañana , procura repasar en tu memoria , lo que has de declarar : de lo contrario , morirás en el tormento. I no pienses, que lo que te res- ta por padezer, es semejante a lo que hasta aho- ra sufriste.» Con esto, en saliendo ellos, el ver- dugo compone como puede al infeliz las juntu- ras de los brazos i piernas, i vestido con sus ro- pas , le vuelven a su calabozo, o , mas bien , le llevan , por no poder de ningún modo tenerse en pie , i aun muchas vezes , le arrastran con harta crueldad, de las piernas, o de los brazos. Aqni también el alcaide de la carzel, para satis-
77 Tazer a las leyes de la humanidad, con una me- ra, * i en realidad, i de hecho, vana ceremonia tlize, al preso , que se llamará a un médico , si es menester.
Al que no quieren atormentar mas, le llaman 41 la audienzia , dos o tres dias después , i al ir ^ ella , desde su encierro , le hazen pasar por delante de la puerta de la sala donde se dan los tormentos , i alli el verdugo se deja ver , de proposito , en aquella figura de diablo , que di- jimos , para que , en el mismo tránsito , tenga «1 preso que * saborear , a su vista , los pasa- dos tormentos. Entrado en la audienzia ve al Inquisidor^ * al Provisor i al escribano , senta- 74 dos ya en su tribunal, quienes , con las anti- guas exhortaziones i conjuros , según su cos- tumbre , le aconsejan que diga la verdad , i si tampoco esta vez le arrancaren algo , le man- dan volver a su prisión. Pero si entonzes decla- ra algo, le apremian mas estrechamente, i tal puede ser lo que declarare , que desde allí le manden llevar al tormento , pensando poder arrancarle algo mas.
Pero al que determinaron atormentar otra
* Ceremonia reiaut facti yacua.— el orij. •* El orij. — cogatur viactus delibere.
H
78
yez , al terzer dia , cuando es Tehementibinio el dolor eo las coyuQluraa , le llaman a la aii- dienzia , i alli se renuevan los conjuros , i airo- zes amenazas , se entiende . para qne desculira las herejiaB , i también; a aquellos coa quienes trató alguna vez , acerca de esas cosas ; i ade- más , a los que sabe son de la misma opinión : de lo contrario, prepárese para loa tormentos , i si en ellos rezibiere su cuerpo algún daño , o muriere, será por culpa suya. I si aun perseve- ra constante en bu parezer, por medio del alcai- de de la carzel, mandante llevar otra vez a) tor- mento , i alli sentándose , como arriba se dijo en BU tribunal , despojado el preso de sus ves- tidos, algunas vezes * le atormentan con el mis- mo jéuero de tormento que antes , aumentado, sin embaiigo, de este modo. Colgado el reo de la 75 polea, por las manos * amarradas a la espalda, según arriba dijimos , liganle juntos ambos muslos al rededor , con delgados pero fuerles cordeles; luego, de la misma manera, las pier- tias basta media espinilla : después , metiendo un paloen cada cuerda de entre las piernas, las ^prietan fuertemente , paraque sepultándose ' El iBt.— •torlurs raüone ■ qua prÍDi, ilLam eieroent.> — el
79 las cuerdas , en la misma carne del pazíente , se le añada al infeliz un nuevo i vehementísimo tormento. Pasa en osla angustia * el preso , tres o cuatro horas , a voluntad de los Inquisi- dores , sin cesar , entre tanto , las preguntas , conjuros , denuestos i escarnios.
a ^Cuando les pareze , hazen experimentar a otros, esta vez , otro jénero de tormento, que, aunque usado también en otros tribunales con los malvados, nobstante, añadiéndole una singu- lar crueldad, con razón, lo hizo proprio suyo ** el santo tribunal. Llámanle vulgarmente el del burro , o potro : nosotros le apellidamos arriba, el del agua i cuerdas, b § Prepárase empero de este modo. En un escaño de madera sólida , ahondado en la parte superior en forma de ca- nal , de manera que pueda caber un hombre echado de espalda. La parte que pudiera cojer la espalda , tiene atravesado un palo redondo , que encontrando la espalda del que alli ponen echado , nu le deja tocar la canal , para que el que en ella ha de ser atormentado , ni aun en * 76 el mismo Burro pueda tener algún sosiego. Pe-
* El lat. «Exigil in hac tortura.»
n Lo que hai entre ^ % está ea bastardilla en el orijtnal.
** El lat. «sibi proprium Tecit.*
b El hit. taques ct uerrorum nupra apj}eUauimus,''
80
ro el escaño está colocado de suerte que aquel , a quien en él tienden para el tormento , tiene los pies mas altos que la cabeza. Tendido en aquel nicho el que , de ese modo van a atormen- tar , atan las canillas , o cañas , de los muslos, piernas i brazos , con fuertes , pero delgadas cuerdas , que aprietan después poco a poco, in- terponiendo * unos palos , basta que escondidas aquellas cuerdas en la carne del paziente , to- quen casi los mismos huesos i desaparezcan por completo de la vista del espectador. Añá- dese además un sutilísimo paño de * lino , que estendido sobre la cara del paziente , le tapa también las narizes, paraque al rezibir el agua por la boca , le impida la respirazion por las narizes. Después se va el agua destilando en la boca por medio del paño , hasta cierta medida, a arbitrio de los juezes , i cayendo en la boca del paziente , no gota a gota , sino a chorro , arrastra consigo , fazilmente , el delgadísimo paño , hasta lo profundo de la garganta.
Diríase aquí , que el infeliz moribundo estaba en la agonía , en que suelen hallarse los que van
* En el oríj. •palis iotercertis» : el trad. ba tradnzido corrí- jiendo •interceptis» : i en palos , q. d. a mi ver , unas elavyas, tuercas , estacas , pértigas: o cosa semejante. * o lUenio.»
81 a exhalar el último aliento; a no ser , porque (a) a estos , nadie les quita el recurso de la respi- razion ; i aquel no tiene modo de respirar , im- pidiéndole el agua , hazerlo por la boca , i por las narízes , el paño. Pero cuando se saca de lo último de la * garganta el paño (lo cual sehaze 77 muchas vezes para que el atormentado respon- da a las preguntas) empapado en agua i sangre, diríase que (6) con él se le arrancaban al infeliz las entrañas : de esta manera pasa el paziente
en el tormento , todo el tiempo que ellos quie- ren , amenazándole siempre con otros mas atro- zes que los que haya sufrido , i al cabo le vuel- ven a su encierro.
Si aun les acomoda, (c) proseguir en ios tor- mentos (pues preciso es que todo se haga a ca- pricho , donde ningún lugar queda , al derecho i a la equidad) , en uno , o dos me¿es ,.mas tar- de o mas temprano , según les pareze , se repi- ten los tormentos ccm mayor o menor rigor , volviendo a llamar a ellos, a unos solo una vez; a otros r dos , tres , cuatro , cinco , seis. Suelen
n £1 orij. dize- baíc - a este: pero es errata , síq dada , por •his.rt
b El lat. «viscera misero cooTeli dixeris.»
c O -ir mas allá , -adelantar: el lat. dIze: «progredi patri- bus Ubet.
82
aflijir a otros , con otro jénero de tornienlo, pe^ culiar de este santo tribunal , que llaman del fuego , mas breve por cierto en su descripzionr mas no asi en angustias i dolores. Mandan traer un mui gran brasero de hierro , lleno de car- bones enzendidos , al cual hazen arrimar las plantas de los pies del que han de atormentar , untadas con tozino , para que pueda penetrar el calor del fuego mas adentro. *
Cuando ya aguzaron i embotaron todos los 78 instrumentos de la crueldad del santo tribunal/ i no bai ya esperanza de arrancar algo mas del preso ; le dejan descansar por tm poco- de tiem- po. Después , llamándole a la audienzia , le preguntan , inquieren i escudri/ian , con nuevo orden i método de preguntas , suministrándo- les cada palabra r de las que antes dijo , mate- ria para argumentar.
Estas preguntas suelen estar con tari artifizio dispuestas (pues, solo en ellaSr pareze haber un resto de esperanza Inquisitoria i están, por con- siguiente , forjadas con sumo artifizio) , que conzedida una ; es nezesario conzeder otra , i
* En la Hist. de la Inquisizioo por F. Limborch. Edic. de Londres de 1731 de la Trad. de Cnandler , tomo 2 paj. 222; hai una lámina grabada en cobre, que representa, bastante bien, las tres clases de tortura aquí descritas por Montes.
83 negar la contraría. Pues los padres de la fé , son admirables dialécticos , i refinadísimos [a) sofistas , en so arte i facultad ; i no falta apli- cazion a su injenio , ejerzitadisimo en esta pa- lestra, para forjar con incansable i perseyeran-
te trabajo esas preguntas , que no como quiera llevan ideadas en su mente , sino también por escrito , i las tienen delante , paraque nada se les pase , habiendo de interrogar por ellas al reo. 1 asi , si el interrogado aflojare un poco en el cuidado de precaverse atentisimamente , se- rá imposible que no caiga en sus lazos.
La única defensa será aquí , una exacta i re- ziente memoria de lo que ,. ante ellos , prime- ro hubiere depuesto : pues en vano pedirá , que se lo lean , porque , o no se lo leerán , * 79 o lo leerán con suma perfidia. I si no se fia mucho de su memoria , responda , a ojos cerrados , que se refiere a lo que antes hubiere dicho; {b) i no se deje arrastrar , a disputar con ellos. I , si de las cosas que antes* confesó , de- dujereq ellos , con su dialéctica , otras , que, o ignoró del todi , o ciertamente no dijo ; vea ,
a Lat. largutissimi sofistae.»
h EL lat. «referre se obturatis ocutts respondeat , - i es un poco dudoso si -obturatis ocuiis-se refiere d reitpondeat , o a referre.
84
una i machas vezes , cómo ha de responder ^ para que ni le tiendan un nuevo lazo , ni venda impíamente , la verdad de Dios. En fin , lo mas seguro será , cortarles todos los hilos , con. esta rotunda respuesta : a saber , que él , no ha aprendido el arte de disputar , ni ejerzitádose en tan injeniosas disputas. Son tan admirables- artifizes , en estas disputas i cuestiones ; tan capziosos , i al mismo tiempo , tan molestos i malvados , que mas de una vez acaeze , que arrancan por este solo medio , lo que no pudie- ron , con ningunos tormentos o suplizios.
Prendieron en Sevilla , por causa de relijion, a cierta piadosa matrona , a quien poco antes habían hecho viuda , quemando a su marido , varón piadosísimo. Pero , por cuanto , lo que había confesado , en los tormentos azerbísimos 80 que le dieron , no bastaba * paraque por ello , según sus designios , o fuese quemada , o al menos , se la despojase de sus bienes : mas , 1^ confesase , no ignorar que la Iglesia Romana, tenia decretado , lo contrario délo que ella afir- mara, esto solo bastaría, para despojarla de los bienes que la quedaban , para pasar no sin po- breza su viudez ; en esta audienzía , por últi- mo , acosada , mas bien que envuelta , por la
85 perversidad de semejantes sofisterías ; la obli- garon al cabo a confesarlo. Pues viendo , que de otro modo , no tendría fin tanta * impor- tunidad , «Sabía , dijo , que la Iglesia Romana asi lo establezió , escribidlo pues i dadme por despachada , í resolved ya , como os pareziere , azerca de mi , i de mis bienes.» Ellos , enmu- deziendo a esta alegre respuesta , escriben eso mismo , pues no buscaban otra cosa. Pero que sea o no sea asi , ¿qué les importa a ellos , con tal de que el preso lo confíese , i les vengan des- pojos de cualquier parte i cualesquiera que fueren ?
* DE OTROS MODOS DE INQUIRIR I DE 81
ESTRECHAR A LOS ENCARZELADOS A QUE
CONFIESEN LO QUE A LOS INQUISIDORES
CONVIENE SARER.
lia violenzia de los tormentos , i las sofísticas i sutiles, artes arriba dichas ; frustradas, según, ellos piensan , por la obstinazion , i sagazidad de los presos ; vuélvense los padres , a otras
• Gorrejida aquí la errata del orij. paj. 80 lin. 12.— oportu- nitatis,— por— importuntfatt».
80
artes mas poderosas, i a otras marafias ,*en las cuales el que aventaja i se maneja con mas des- treza , suele ser tenido por dilijentísimo» i dig- no« por lo tanto, del lugar supremo en el San- to ofízio.
Con aquel , a quien determinaron envolver , cuando se les frustra,como acabamos de dezir, la esperanza de toda violenzia; se muestran benig- nos, misericordiosos, llenos de caridad , i como que les afecta tiernisimamente su desgrazia » i
aílíczion. Lloran con él, ruegan, consuelan.acon- sejan i aparentan darle , paraque se libre de aquella calamidad, un consejo reservado, que no darían sino a su padre, hermano, o a un íntimo amigo ; i otras muchas cosas a este tenor. * De este artifizio, suelen usar mas amenudo, con los que creen mas senzillos o menos sagazes, i prin- zipalmente con las mujeres, que, por lo regular, no tienen tanta astuziacomofueranezesaría para conozer las lágrimas de cocodrilo. El preso , pues , cuando viere que el Inquisidor le trata con tanta humanidad , tenga por indudable , que entonzes nezesita vista mas aguda i mayor perspicazia de injenio , para poder descubrir a
' Marañas — o trazas: pues el orij. — artes ac fila convertUQ- tur:— que literalmente suena: — a otros hilos.
87 tiempo a donde se encaminan esos finjidos ha- lagos: en la certeza, de que son meras zalame- rías i lisonjas, debajo de las que se ocultan cap- ziosos lazos,cebo, i ratoneras. Demostraremoslo mejor con ejemplos , ya que tantos tenemos a mano.
En aquel primer inzendio , que por causa de relijion, se levantó en Sevilla, liaze ocho o nue- ve años, entreoíros muchos, prendieron acier- ta piadosa matrona , con dos hijas donzellas i una sobrina ya casada , hija de su hermana. Yenziendo estas, con una constanzia verdadera- mente varonil , todos los jéneros de tormento con que se buscaba por ellos, que pérfidamente denunziasen a sus hermanos en Cristo , i sobre todo , a que se delatasen una a otra , el señor Inquisidor * con fictizia i frivola piedad , pro- pia suya, en estremo conmovido, házia aquellas infelizes mujeres, manda * que le lleven a la au- 83 dienzia a una de las hijas , i alli , a solas con ella , entabla una arenga consolatoria , si bien oportuna, no mui breve. Acabada ésta, remitió a su enzierro a la muchacha. Repitió después , esto mismo , por algunos dias, haziendo que se
• El lat.— «dorainus InquisiloF nugatoria illa sua pietalc ve- hementer commotus. — etc.
ir
la llevasen cada dia al aoochezer, i deteniéndola allí , ya manifestándole cuánto se dolía de sus trabajos; ya mezclando, harto mas familiarmen- te, otras alegres i agradables pláticas.
Todo ésto (según demostró el éxito mismo) se encaminaba , a que después que la mucha- cha, con senzillcz corderina , * se persuadiese . de que él verdaderamente , i con ánimo pater- nal , se interesaba en su desgrazia , i de que le acons«^rta lo que a su negozio i a su saWazion propia , a la de su madre i hermanas , conve- nia ; se pusiese toda , bajo su proteczion. I asi, pasados en esa familiar conversazion algunos dias , en que ya él habia llorado con ella su desgrazia , i dádole todas las pruebas de con- raiserazion , para testificar que le afectaban sus trabajos , i todas las señales , además , de bue- na voluntad , para evitarlos en cuanto pudiese: cuando vio , repito , el sagaz lobo engañada ya a la muchacha , empieza a persuadirla que de-
84 clare de si , de su madre , hermanas i tias , * no presas aun, prometiéndola con juramento , que si de buena fé le manifestaba cuanto acerca del asunto supiese , daría él traza de ocurrir a
* Solo con esa impropin i afectada frase, pueden conservarse las mismas rozcs del lat. — «OTÍna simpticitate.»
89 iodos aquellos males » i las enviaría al fin li- bres a sus casas. La muchacha , como que era de índole senzillisima , ganada por las prome- sas i persuasiones del padre de la fé , empieza a dar lo santo al perro , i a echar las mar- garitas al puerco , declarándole algunas cosas pertenezientes a la pia doctrina , que entre si . solían comunicarse. Cojido el cabo del bilo , empezó el Inquisidor a procurarse diestramen- te la salida del laberinto , llamando a la mu- chacha repetidas vezes a la audienzia , para que segan el orden del derecho , se notara lo que depusiese , persuadiéndole aun entonzes , que ese sería el medio lejitimo de curar iodos los males. Renuévale , en la última audienzia , to- das las promesas con que antes le habla ofrezi- 1 do la libertad etc.
Pero , cuando la muchacha esperaba , que iba a cumplirse lo prometido, elseñorlnquisidor con sus satélites conoziendo la virtud del arte con que habían ya en parte conseguido , lo que no pudieron antes arrancar de la muchacha ' con los tormentos , para sacarle lo que a su pa-
I rezer , restaba , decretan entregarla de nuevo
a los tormentos , de los que sufrió los mas crue- les de todos , como son , la polea * i el Burro , 85
90
hasta que como en una prensa esprimieron de ella lo que buscaban , es dezir , herejías í déla-- ziones de personas : pues delató la muchacha , en fuerza del estraordinario suplizio, a su ma- dre i hermanas, i a otros muchos, que cojídos i iitormeutados, después, fueron por último, con la misma donzcUa, entregados al fuego.
* Esta misma donzelladió, después , un ilus- trisimo ejemplo, en testimonio de su fé. I fué , que en aquel teatro solemne , en el que a pú- blico espectáculo la sacaron con otros que cor- rieron su misma suerte , oida la sentenzia , en que la condenaban a la hoguera , al volver a su sitio , desde el lugar en que suele pararse cada uno de los condenados , para oir su sentenzia , llegándose a su tia, que la había instruido en la fé por cuya confesión hubo de ir luego a la ho- guera, con firmísima voz i semblante, i bajando modestamente la cabeza , le dize : que le agra- dezia infinito el benefízio de su enseñanza , i le pide perdón, si en algo la hubiese ofendido, es- tando ya a punto de rezibir la muertq. No con menor constanzia la consuela su tia , exhortán- dola , a que tenga presenzia i tranquilidad ae
":l •
Elvira, o Teresa Nuñez. Véase a Llor. Hist. de la Inf.t^. 4. paj. 89. Edic. do Barcelona.
91 ánimo, puesto que, dentro de muí pocas horas, se hallará con Cristo en los cielos: i ésto, vién- dolo todo el pud[)lo, * oyéndolo muchos, i prin- 80 zipalmente , d mismo santo tribunal , con los suyos. * [Esta su tía , era aquella mujer , que , exaltada por la locura, dos años antes había de- iatado tpda la Iglesia a los inquisidores , como arriba dijimos. La cual, recobrando algún tanto su juizio por benefízio de Dios , i convertida a mejor camino, en cuanto se lo permitían las re- liquias de su locura, habiendo confesado a Cris- to , después de largas i hediondas prisiones , tormentos, azotes, publicamente rczibidos, su- frió , finalmente , por él mismo , § en aquella clámide Cristiana, cárzdes perpetuas. Volvamos ya a las artes.] *
DE OTRAS ARTES MAS SECRETAS.
JLa escelencia de las artes siguientes exijc, que no se agreguen , como toscas e ignobles , al montón de las demás , puesto que aventajan
* •
* Todo lo qae hai entre [ 1 , está de letra bastardilla en el oriJInal.
% El lat. dize: — in Christmno illo paludamento—eic,
* Hasta aquí de bastardilla en el orij.
92
tanlo a todas las piH'zedentes , cnanlo el santo tribunal a los otros tribunales vulgares. De es- ta clase , pues , la primera i la mas secreta, i al Santo ofízio mas útil que otras muchas , es el abuso d^ la que creen confesión sacramental, g7 que según * sus mismos cánones , es un no le- ve pecado : pero , según repetidas vezes antes dijimos , al santo tribunal , todo le es lizito.
Cuando alguno de los presos cae enfermo , aunque no sea gravemente , le preguntan si (¡uiere usar de la sagrada confesión : i esto con dos fines : el uno , para que apruebe , o re- pruebe la sagrada confesión , el otro para ver ,
si pueden persuadirle en ella, a que de si , o de otros , declare alguna cosa , con que tenga el santo tribunal entretenimiento. Si el enfermo aczede , se le presenta , luego , un * sacrificulo con un escribano , i dejando a éste secretamen- te , es dezir , al escribano , a las puertas de la prisión , en que yaze el enfermo , emprende el clerigote la confesión, i en adelantando un tanto en ella , pregunta al enfermo , si ya en jeneral ya en particular , está imbuido en algunas opi- niones luteranas : señaladamente acerca de tal
* En el ory.— adest sacríQculus:^^. d. un sazcrdote supers- tizioso, o fanático. Lo mismo, mas abajo.
93 t> tal artíeaio ; o si trató con otros azerca de
esas mismas cosas , por quién , en fin , i cómo ias supo » etc. que confiese injenuamente , i no rezele de él perfidia alguna , que él trae facul- tad de los seAores inquisidores para (a) purificar- le de todo : que descargue ya su conzienzia , i lo demás que para semejante fin suele alegarse. Si el enfermo asiente , i empieza a poner por obra el tal * consejo > cae sin duda en la na^- ^ sa. Porque después que aczediendo al deprava- do consejo del sacrificulo (6) vomitó temerario, lo que del asunto sabe , trata oportunamente en segundo lugar el sacrificulo de tender un lazo a su conzienzia , haziendo, que lo deponga to- do ante el escribano , no habiendo de tener, de otro modo , lugar alguno su purificazion. Si le persuade , llama al escribano, que no está le- jos , i sé pone la cosa en ejecuzion.
Pero , si el enfermo , o no creyéndole , o des- confiando acaso algo de él , rehusare deponerlo ante escribano , no por eso , se librará de los lazos , mejor que si hubiera depuesto , pues que el fraudulento confesor , pronunzia i aun repi- te todo lo que pasa , en tan alta voz , que hziU
a El lat. - ab omnibtts enm expiandi. - etc. b El Or. sacrifieulfu.
I
mente Jleiy a) suj'elu , a que le responda casi con el mismo tono de voz . por falta de cautela en observar , o en rezelar siquiera , las redes del escribano , que atento lo escucha todo a la puerta , i lo apunta. Con semejantes apunta- ziones , o hazen después cargos al sujeto , o al menos , aprenden per ellas lo que han de ave- riguar de él con (a) mas molestas preguntas. Queda aqui el bueno del coaresor sin escrúpulo alguno de conzienzia , i sin temor de delito , o escomunioD, por la conresion revelada, ya por 89 que cree , no * haber revelado nada , aunque baya hablado mas alto de lo que requieren los misterios de la confesión ; ya porque lo becbo , sea lo que fuere, se hizo en grazia i obsequio del Santo tribunal.
Juliano Apóstata, según refieren bistorias muí fidedignas , quitaba a los cristianos , todos sus bienes i haziendas , b dando por pretesto de su sacrilejio , el que Cristo ordenó a los suyos , amar la pobreza, i no aplicarse a adquirir los IiLcnes terrenos. Perseguíalos con cuanta cruel- dad podia, i luego los exhortaba a la toleranzia puesto que , asi los babia enseñado Cristo. De
95 este maestro , aprendieroD los padres de la fé una de sus artes: i consiste , en que cuando ven a alguno , guardar con cristiana constanzta la fé i piedad para con los ^ cohermanos conozidos, le envuelven en este argumento «Tu eres / dí- zen ,* mal cristiano; puesto que , vosotros ase- guráis , que seguís la doctrina de los apóstoles i de la primitiva iglesia: mas los apóstoles i los mártires de aquellos tiempos, cuando compare- zian ante los juezcs jentiles, i les preguntaban , si eran cristianos, respondían lo somos. I cuan- do les preguntaban sobre sus compañeros de relijion los nombraban candidamente. Luego ^ si vosotros * profesáis seguir sus ejemplos, de- 90 biérais delataros a vosotros mismos i a vuestros compañeros.» Tal, i de este modo, es su argu- mento. Pero , Juliano Apóstata dize bien : que los cristianos no deben entregarse a amontonar riquezas terrenas ni ser flacos en los trabajos : también los señores inquisidores afirman , con
Igual derecho, que el hombre cristiano pregun- tado en los tribunales del mundo, azerca de su fé , debe dar de ella razón clara i categórica : pero , unos i otros faltan a la verdad , cuanda
• El l«t.— confratres.
96
dizen, que los cristianos de aquel tiempo , con el misnifl piadoso zelo con que declaraban su fé, deecubriaD a sus hennanos ante los jaetes jen- tiles, DO permiliéndoeelo nunca la caridad. Por lo demás , la impiedad de Juliano, i la de estos seflores , se praeba ser la misma , puesto qoe intentao llegar a un mismo fia, i por unos mis> mos medios , esto es , a desolar la Igle- sia de Cristo , i despedazar sus hijos , con irri- sión de las leyes de la Relijion Cristiana.
Uno de loe prinzipales Inquisidores , de quien lo aprendieron otros muchos de sus compañe- ros , i al cual convendrá nombrar , paraqtte pueda reconozer aqui sus mismas palabras , si acaso lee esto , (llamábase Juan Gonzalo obis- 91 po * de Tarragona InquisidM- Hispalense); solia dezir , hablando de los fieles presentados en sb tribunal: que pareze milagro, que aquellos he- rejes, tengan grabado en los últimos * rincones del corazón , aqnel precepto de : 'Amarás a tu prójimo como a ti mismo :' de manera , qne a no ser después de desollados, i casi despedaza- dos en los tormentos , nunca descubren a sus compañeros, i ni aun así , se logra eso, de mn-
' ElUL— in íjwii cord» penelraliliui.— I el puÉDt»» qoe lireHds, H tulla tm poco •añado del orijinel.
í
97 «boí de ellos. Tan ilustres testimonios tiene la verdadera rf^lijion, hasta de sus enemigos. Pues tan grabada i sellada está, (a) en todas sus par- tes , la lei de Dios en los corazones de los ver- daderos Cristianos , como dijo su Reverenzia. Fuera de ellos no se encuentra esta firmeza en el sello de la lei de Dios , estando selladas las leyes de toda carne con este sello ; «primero yo: después tu.» Mas, sobre todo debiera avergon- zarse un obispo Cristiano , de estar en tan su- pina ignoranzia , azerca de una cosa , que no seria completa si no fuese aun acompañada de igual blasfemia.
A este mismo señor obispo (ya que de él bizi«^ mos menzion)le babian enviado,.del realconsejo^ a Sevilla, para desempeñar el cargo de Inquisi- dor^ cuando en los años pasados, (6) aparezió de * repente en aquella ciudad aquella multitud 92 de fíeles dé la que , hasta hoi , se levantan aun grandes hogueras, en determinados dias. Pues, a los que antes hablan sido allí Inquisidores , no se les tenia en las inquisisitorias'artes , por tan activos i hábiles , como (c) a este solo ; que
a El lat.— tquoad atramque ejus tabiilam.» b FJ lat.^repente erupit;— que me pareze un pleonasmo : paes se}o>-enipit — sígniflca lo mismo. c D. Joaa doazalez da Nunebrega , erd este sujeto : i Lio-
^
M creyese podían ocurrir al grande raal ere ziente , i a la ruina que n la iglesia Román» amenazaba. Cuáles eran la» dotes que en él suponían para desempeñar cargo semejante , publiquelo él mismo , publiquenlo , los que ie elijieron para aquel menester , publiquenlo en fin cuantos le conozieron , si fué acaso su emi- nente doctrina i erudizion en las sagradas le- tras , o su profundo i puntual conozimiento . ya de las historias eclesiásticas, ya de las obras délos doctores antiguos i modernos , cuya au- toridad con razan venera b iglesia ; o bien , su eaperienzia * insigne en las cosas i doctrina de la fé , de la cual quieren llamarse padres los inquisidores , i de cuyos errores , o verdades , tan ambiziosamente se declaran juezes ; o ya por último , si una probada piedad i santidad (de la que se lisonjean , por cierto , tanto que de ella toman un ilustre i plausible titulo) fue- ron las dotes, por las que entre sus camaradas se distinguía prínzlpalmentc : o si fué , antes bien, el aventajarlos a todos ellos en crueldad , 95 inbumani * dad, i aun en todas las artes ínqui-
99 sitorias , por lo que lograra , aquel soldado ve- terano , la exenzion de tal milizia , i un pingüe obispado , en premio de su trabajo : habiéndolo llamado de ían cómodo ocio, a la antigua müizia, aquella fatal calamidad de la iglesia Romana. Mas en aquella legazion Hispalense, época en que tenia las casas particulares llenas de pre- sos , por causa del Evanjelio , no bastando las cárzeles públicas a tan abundante presa , no le faltaba a su Reverenda Señoría, tiempo ni ózio para divertirse, en pasear por el río , en esqui- fes adornados de púrpura i seda , i con tal apa- rato, cual convendría a un discípulo de Sarda- nápalo, mas bien que a un varón modesto, por no dezir , a un obispo Cristiano ; acompañán- dole ciertas musas , aunque iliteratas , i una servidumbre numerosa, * a los apartados huer- tos, concurriendo, entre tanto , al espectáculo, una buena parte del pueblo. I , a la verdad , aquellos triunfos i alegrías , no eran intempes- tivos para él , i para los suyos, en un estado de cosas tan lleno de luto , tristeza , lágrimas i afliczion , para la iglesia de Dios, de la que era él , encarnizado enemigo.
* Et lat. di2e— tiu non prop« distantes hortos.»— etc.
100
Volviendo , pues , a las artes , cuando esto» probos señores desean tener un indizio cierto 94 de algunos de ios * presos , de quienes , por vivir en una misma carzel , i estar en fin sumi- dos en tanta desdicha , sospechaa que se comu- nican entre si alguna saludable doctrina para exhortarse mutuamente , consolarse , i animar- se en su fé ; meten secretamente , entre ellos , alguna Mosca , (asi suelen llamar los presos, al que desempeña semejante ofízio.) Metido este , fraudulentamente , entre ellos , por los Inqui- sidores , bajo el nombre de preso , observa con mucha sagazidad cuanto hablan.
I después de pasar entre los mismos , algu- nos dias, durante los cuales llega a insinuarse dolosamente en su familiaridad , empieza a to- car lijeramente , i como por enzima , * algunos puntos doctrinales , aparentando que desea , o bien aprender de otros , o bien enseñarlos , i por este medio , engaña fazilmente a los mas senzillos que no se recatan de tales fraudulen- tas insidias. Los que ya estuvieren, pues, avi- sados de estas mañas , no se ñen , de lijero , ni fazilmente , de los desconozidos , que de ante-
* El lat.— «leviter ac Teluti extremis digit»*»
101 mano se introduzcan en su compañía. I en cuanto al Mosca, fazílmente le conozerán i des- cubrirán, en esto solo, en que, por lo regular , él mismo se injiere, sin que nadie le provoque, en tales coloquios , i empieza , aun sm yenir a cuento , a sacar semejantes pláticas doctrina- les : * mas entonzes obrarán con prudenzia , si 95 le dejaren razonar hasta que se canse , sin res- ponder nada a su razonamiento. Este , si acas» saca de sus concautivos algo de lo que deseaba, ruega al alcaide de la carzel , cuando según costumbre visita a los presos , que pida se le dé una audienzia , según es también costumbre hazer los presos , i al fin , por este medio se abre la puerta , i poco después , los que en la carzel quedaron , tienen que esperimentar los frutos de su conipañia.
Cosa es , por cierto , de admirar , que haya * hombres dotados de una índole tan Satánica , que espontáneamente alquilen su trabajo para tales ofizios , i aun con tanto detrimento pro- pio , que por salirse con la suya , presos con los presos , en nada tienen un enzierro estre- chísimo de dos o de tres meses , sufriendo ellos, de buena gana , todas aquellas molestias de la carzel , asi del hambre como de la inmundizia
102
i hediondez , (]ue inal de su grado suelen tole* rar los presos : i , lo que es mas de admirar , ruando salen de una carzel entran inmediata- mente en otra , i luego en otra« dos , tres , cua- tro vezes , para volver a las mismas incomodi- dades , i pasar la vida en aquel mundo de deli- zías. I así , éste, cuando sale de la carzel a dar cuenta de su encargo , no solo declara lo que ^" entre los presos oyó, sino con qué semblante, * alegre o airado, rezihieron los presos lo que él, en cuanto a doctrina , les propuso etc. i aun cuando ninguna respuesta hubiere de ellos al- canzado; lo que azerca de los mismos, le pare- ze: i sus delaziones, tienen la fuerza de un tes- timonio probadísimo, i mayor de toda escep- zion , aunque por otro lado , sea hombre * de ninguna fé o estimazion , hombre en fin de la ínfima hez de las sentinas públicas , alquilado , por poco dinero , para ese empleo: pero enton- zes se le tiene por miembro digno de aquel cuerpo en aquel lugar del Santo Ofizio.
Suzede también , muchas vezes , que los presos por causa de relijion , vienen a estar en compañia de otros , a quienes prendieron por
* El or. - ulioqui sil nihíli nullius íidfii eU;.
103 otras causas , i de estos algunos , por cougra- ziarse con los Inquisidores i merezer su aproba- zíon , delatan con suma perfidia a los compa- ñeros de carzel , a quienes oyeron conferenziar sobre la pia doctrina ; i el testimonio de tales hombres suele hazer gran fé , i valer mucho , en aquel santo tribunal : pues para la que lla- man califícazion del dicho , se atiende prinzi- palmente a las circunstanzias de la carzel , ya del delatado va también del delator.
Hai también otros Moscas i azechadores, que sirven al santo ofizio en aquel menester , fuera de la carzel , * azechando i envolviendo en las 97 susodichas artes , a los que en el pueblo tienen por sospechosos de herejia Luterana , esto es , de pia doctrina ; i algunos de estos Moscas , vuelan tan alto , que pasando el mar , i pene- trando en estraños i apartados reinos , azechan a los que saliendo de España , i desterrándose voluntariamente , escojieron en otra parte do- mizilios mas seguros : tan vehemente es el zelo de la gloria de Dios , i de la salud de los hom- bres en que se abrasan los padres Inquisidores.
Pero concretándonos solo , a los que suelen andar volando dentro de las mismas ciudades de España en que hai eslablezidos tribunales
\
\
iU4
liiquisi [ocios , muchos santos conresorea , ya- clérigos , ya Trailes , ocupan en esta Orden de los MoMCas un no ínfimo lugar. Sí a ellos se azerca alguno mas senzJllo , a quien Dios haya empezado a alumbrar con su luz , i durante su confesión , espone su sentir, en tono de dada • o de certeza , descando instruirse o confirmar- se . no solo procuran estii^uir con sus tinie- blas la luz divina que comenzara a iluminar con BUS rayos aquel entendimiento , sino, que- le exhortan , le conjuran i aun se esfuerzan en persuadirle , con fieras amenazas , que se pre- 98 senté por si, disanto tribunal, i se delatea*sí mismo , a prometiéndole , que los sefiores In- quisidores le tratarán con toda benignidad. Su- zede , en fin , mas de una vez , que la b misma oveja, se entrega por este medio , a si propia , en las bocas de los lobos , para ser acaso des- pedazada con lobuna crueldad.
Suelen otros, usar de olra arte mas inhuma- na, i prestada , sin duda, de la ofizina iuquisí' loria : conozida la opinión del incauto, que de modo alguno , rezela semejante perfidia en la sacrosanta confesión , i menos , de un Varón
a El tnid. 1«8 U iiltimd üaea de la paj. 97— ipu Bileat,_(lc.
105 consagrado ; disimulan , por entonzes , i no le €ontradizen ; antes , le avisan , que vuelva al otro dia , pues asi tendrán mas lugar de oirle , i podrán mas holgadamente que entonzes , tra- bar de aquel asunto , i asi, mediada o mal aca- bada la confesión , le despachan : su designio es, que volviendo el pobrezillo ai dia siguiente, i tratando con ellos , mas despazio fuera de la confesión, del mismo negozio, quede en su ma- no, sin tener que revelar la confesión , el dela- tarle a los inquisidores ; i no se descuidan en poner por obra su designio , vomitando tan re- lijiosos varones el mosquito i tragándose el ca- mello.
Algunos de este gremio de hombres fraudu- lentos , prestaron tan importantes i útiles ser- vizios a los inquisidores , que , aunque por er- ror "^ o por descuido (como suzede muchas ve- 99 •zes) , se dejaren dezir alguna cosa, que ante el santo tribunal les acarrearía a otros el suplizio del fuego , i pudiese esto , sin gran trabajo , comprobarse contra los tales , no obstante , los padres inquisidores suelen disimularlo fazil- mente, i llevarlo con prudenzia,peosando, que, faltándoles las ventajas que de la industria de estos reziben , habían de perder , mucho mas ,
i[ue ganarííiD , con lo (jiio bubiosen tio. perzibir (lo sus (Icspojus. quemándolos.
A algunos de estos pudierairos señalar por .sus nombres , i cicrlamcnte por razón de sus impiedades en este jónero de empico, mereze- rian se les nombrase , para que fuesen conozi- dos en los tiempos présenles , i en los venide- ros: sin embargo , creemos deber respetar sus nombres, considerando el sumo poder i bondad de Dios, quien, tal vez, se